La ofensa del Senado

María del Rosario Piedra Ibarra, llega a la Comisión Nacional de Derechos Humanos después de una elección, que por mas que se quiso limpiar, no se logró, pues se manchó demasiado. Después de las maniobras turbias de los senadores de Morena para legitimar la elección, Ricardo Monreal, en alianza con los partidos pequeños, impuso la decisión del Presidente a favor de la hija de Rosario Ibarra de Piedra, recién condecorada con la medalla “Belisario Dominguez”. En efecto, la Presidenta impuesta por la mayoría legislativa de Morena, María del Rosario Piedra Ibarra, ha sido rechazada por haber mentido durante el proceso de registro para integrar la terna al cargo de Presidenta de la CNDH, me refiero a que, según ella, no pertenecía a Morena al haber renunciado como consejera número 158, según constancia del INE. El reglamento de la CNDH señala que no se debe militar en una institución política un año antes y no un día anterior al nombramiento.

La ex consejera nacional de Morena en la CNDH, fue también candidata de su partido a una diputación federal, lo que deja claro, que la nueva Presidenta mintió sobre su militancia, al no cumplir con los requisitos que señala la CNDH para integrar la terna que el Presidente envió al Senado, pues hasta el 28 de octubre, la señora Piedra Ibarra, continuaba siendo consejera de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

El resultado de los trastupijes senatoriales, que culminaron con la imposición de la candidatura ordenada por el Ejecutivo, y ejecutada por los senadores de Morena y la “chiquillada” partidista, a favor de María del Rosario Piedra Ibarra, tiene repercusiones que no cesan, además del impacto que causo la renuncia de cinco de los integrantes del Consejo de la CNDH por las formas en que los senadores y el Ejecutivo utilizaron para imponer a la Presidenta del organismo, que debe ser autónomo, y no dominado y manipulado por el Ejecutivo y el legislativo.

Fue denigrante el espectáculo que protagonizaron las y los senadores. Vimos a Gustavo Madero rodar por los suelos, jaloneado y golpeado por sus adversarios, que le impidieron llegar al lado de Monica Fernandez Balboa, Presidenta de la Mesa Directiva del Senado.

En medio de empujones, golpes, insultos y amenazas, María del Rosario Piedra Ibarra, fue avalada y juramentada por las huestes legislativas encabezadas por Ricardo Monreal, quien al enterarse de la renuncia de los consejeros de la CNDH, Alberto Athie, Mariclaire Acosta Urquidi, María Ampudia Gonzalez, Angelica Cuéllar y María Olga Noriega Saenz, afirmó: “Que se vayan todos”.

A juicio de los ex consejeros el proceso de elección estuvo “plagado de irregularidades y falta de apego a la legalidad, […] es muy notoria la cuestionada elección de la nueva titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, pues le resta legitimidad a una institución”, afirmaron.

Para los ex consejeros será difícil que, Rosario Piedra Ibarra, establezca interlocución eficiente y objetiva con los diferentes sectores y organismos involucrados en la observación, protección, promoción y cumplimiento de los derechos humanos.

En opinión de los ex consejeros la nueva titular de la CNDH, presagia el “sometimiento abierto del organismo a quienes actualmente detentan el poder político […] por lo que no será posible mantener el principio de autonomía de gestión de la institución.

“Si voté por AMLO”, pero seré imparcial, afirmó María del Rosario a su llegada a la CNDH, agregando, que respecto a la renuncia de los consejeros, “…ellos estaban ahí, eran los meros meros, o sea era lo mismo. Todas esas comisiones, ya lo hemos hablado aquí, los organismos, los institutos, con todo respeto, vean los antecedentes, se disfrazaban de sociedad civil cuando en realidad estaban participando abierta o encubiertamente a favor del régimen.” Concluyendo, la imagen, hoy en día, sigue siendo un elemento de importancia capital para el ejercicio político, si se carece de este requisito, los resultados positivos de las acciones de los cuadros políticos serán difíciles de alcanzar, a menos que se impongan por el que manda y ordena, pero distorsionando la realidad, y, por supuesto, el significado que se presenta a la nación con imposiciones que no convencen y si desilusionan.

@luis_murat

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