El peso de la derrota

Al abrirse las urnas la noche del 1o de julio e iniciarse el conteo de votos, los partidos políticos experimentaron un cambio radical que marcó su derrota. Fue una noche negra para la mayoría de los partidos políticos en las 32 entidades del país.

Los conteos revelaron que la partidocracia había sido aplastada por una maquinaria de masas que logró 30 millones de votos a favor de sus candidatos.

El movimiento social, en coalición con Encuentro Social y Nueva Alianza son, desde esa fecha, la primera fuerza política del país en el poder ejecutivo, en las cámaras legislativas, en los gobiernos de los estados, en las alcaldías y en la Capital de la República.

Lo sucedido se explica por la ignominia de los que detentaron el poder y por el consentimiento de una sociedad estática, corrompida y altisonante hasta en el lenguaje. Una sociedad que hizo caso omiso del abuso y corrupción haciéndose complice, por más de 7 décadas, del poder omnímodo; olvidando la responsabilidad que le corresponde como estar atenta y vigilante para que el pacto social se cumpliera. Desgraciadamente no fue así; se dejó hacer y se dejó pasar; creció la corrupción hasta que nos ahogó; se multiplicó el crimen organizado hasta el punto de que instalar un negocio, en cualquier lugar, obliga a los propietarios a pagar protección a las bandas criminales. De no hacerlo, cuello.

Pero sucedió que el hartazgo de la nación y la oportunidad de vomitarlo se presentó aquella negra noche de julio que como pesadilla reveló algo increíble para la partidocracia al contarse los votos, mismos que expulsaron del poder a los partidos políticos que abandonaron ideologías y programas de acción para convertirse en instituciones de negocios, de tranzas, de compra y venta de candidaturas y que, alejada de las masas, las utilizó solamente para legitimar abusos; para darle vigencia a la corrupción, para ganar sueldos que ofenden, para lograr privilegios, para comprar maquillaje y viandas exquisitas para las ninfas que saltaron de las recámaras a las cámaras; para viajar a Europa, a la bella Rusia para asistir al Mundial de futbol.

Así se las gastaron las bandas legislativas que todavía se arrellanan en las curules y escaños del Congreso mexicano.

Pero, llegó la noche, negra como ninguna, que trajo consigo cambios extremos en la vida de la nación, advirtiendo, proponiendo y haciendo a un lado a los enemigos de la democracia, a los tramposos que modificaron leyes a modo para beneficio de los delfines.

Noche negra que trae consigo nuevo amanecer que mucho promete, pero que se pinta tan maravilloso y justo que es difícil de creer, que nos hace dudar debido a tantos años cargados de promesas que muy poco se cumplieron

¿Será verdad lo que ahora se promete, o se repetirá el mismo engaño sexenal?

Lo que es cierto, lo que no se puede dudar y mucho menos negar, es que los partidos políticos están hechos trizas, desbaratados por voluntad del sufragista que dijo ¡basta!

Una vez más habrá que intentar creer en los hechos, no en promesas, creer con cautela, a fin de no caer en la trampa del engaño sexenal y promesas vanas.

Sin embargo, hay algo que hace pensar en el futuro que ahora ofrecen los victoriosos de la contienda electoral; me refiero a ese cambio de circunstancias políticas que han depositado tan inmenso poder en un solo hombre como es el caso del candidato electo por una masa de 30 millones de ciudadanos. Cifra enorme que ningún Juanito Trump sería capaz de lograrla, por lo que es recomendable que la chachalaca del norte guarde respetuoso silencio; aunque sea mucho pedir a quien no aprende a ser jefe de estado y que con terquedad supina insiste en conductas de chachalaca.

Reflexionar en lo que implica que tan inmenso poder este depositado en un solo hombre. No solo es prudente hacerlo, sino necesario, a fin de no perder la perspectiva democrática y, mucho menos, la problemática que el desequilibrio de poderes se producirá en breve.

En consecuencia, se hace necesario buscar los equilibrios democráticos, limpiando, reparando y recuperando las ideologías y la práctica de los partidos políticos.

El reto implica crear instituciones nuevas, libres de los corruptos que transformaron a los partidos en casas de cambio .

No se trata de rehacer ni de refundar lo que ya no sirve, sino crear instituciones nuevas, sin la chatarra  oxidada que nadie quiere ver en las dirigencias partidistas. No más de lo mismo, las momias a los museos.

Resumiendo, el peso de la derrota demostró que lo prometido por los “líderes y padres de la patria” fue  un juego tramposo y grotesco consistente en engañar incautos, como los tahures tramposos que se cuelan en las ferias de pueblo.