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El Caballo Mixteco: última tienda de talabartería en Oaxaca de Juárez

Luis Ignacio

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Semioculta entre los puestos ambulantes que inundan la esquina que forman las calles de Aldama y Flores Magón, en pleno centro de la ciudad, se encuentra la tienda de productos de talabartería más antigua de la capital del estado: El Caballo Mixteco.

 

LA FUNDACIÓN

La tienda abrió sus puertas en 1906, en vísperas del inicio de la Revolución Mexicana, en la Heroica Ciudad de Tlaxiaco.

 

Cuatro generaciones han pasado en sus 112 años de existencia y a pesar de que la ciudad transitó ya de un ambiente rural a uno urbano, la tienda exhibe y vende trajes y sombreros de charro, sillas de montar, chaparreras, reatas, cinturones bordados de hilo o pitia, espuelas, capulinas y demás artículos para los hombres de campo.

El pequeño charro que caracterizó el escaparate de la tienda, hoy se encuentra escondido entre los puestos ambulantes que se instalan frente al negocio. Para verlo, ahora es necesario transitar entre puestos de fruta, ropa y otras chucherías, por un pequeño acceso que han dejado los comerciantes ambulantes, como pequeña concesión a sus propietarios.

 

LOS AÑOS

La tienda tiene 112 años de fundada.

 

La señora Dora Guzmán Núñez se muestra resignada ante la instalación de comerciantes  ambulantes en la vía pública. FOTO: Carlos Román Velasco


LOS PRODUCTOS

En la tienda se encuentran todo lo necesario para los hombres del campo: espuelas, sillas de montar, sombreros, trajes de charro, cinturones pitiados, capulinas, etcétera.

 

Cuatro generaciones

El joven José Joaquín Espina Guzmán, bisnieto de los fundadores del negocio, recuerda que la tienda se inauguró en 1906, en la Heroica Ciudad de Tlaxiaco, de donde eran originarios sus antepasados.

Añade que cuando su abuelo Joaquín Ubaldo Guzmán Cruz heredó la tienda, se lo trajo a la ciudad de Oaxaca de Juárez.

Dice que primero alquiló una casa en la calle de Aldama y posteriormente adquirió el predio que ocupan actualmente en la calle de Flores Magón, a pesar de que mucha gente le decía que no comprara el predio, porque se lo iban a expropiar después para ampliar el Mercado 20 de Noviembre.

 

Muchos le decían que no se arriesgara porque iban convertir toda la cuadra en mercado, pero decidió quedarse aquí, construyó el negocio y no se lo expropiaron.

 

En medio de productos de piel de todo tipo y modelo, señala que su abuelo tuvo la oportunidad de forjarse una carrera política en el municipio y el mismo estado de Oaxaca, pues además de haber sido cuatro veces presidente municipal, muchas ocasiones sus paisanos le pidieron que se lanzara como candidato a la diputación local por el distrito, “pero no quiso, porque decía que tenía su negocio y debía de cuidarlo”.

 

Cuatro generaciones han mantenido el negocio. FOTO: Carlos Román Velasco

 

Productos para gente del campo

La señora Dora Guzmán Núñez expresa que fueron cuatro hermanos, dos que ya fallecieron, uno que es doctor y ya no se interesó por la tienda y ella. “Así que me quedé yo con el negocio y ahora mi hijo es el que está aprendiendo, porque hay que seguir la tradición”.

“Una ventaja que tenemos es que no pagamos renta, que el inmueble es nuestro, porque creo que si tuviéramos que pagar renta ya hubiéramos cerrado; quién sabe cuánto cuesta una renta aquí, pero me imagino que son caras; además, no hay muchos negocios en la capital del estado con este giro, entonces por eso todavía seguimos”.

Con evidente orgullo, dice que ahora el negocio está ya acreditado. “Muchas personas adquieren nuestros artículos porque trabajamos puro cuero, nada de plástico, y tratamos de hacer todo de manera tradicional”.

 

Los cinturones bordados con hilo o pitia tienen buena demanda. FOTO: Carlos Román Velasco

 

Nosotros teníamos tres trabajadores que elaboraban mucho de lo que vendemos aquí, pero cuando fallecieron, sus descendientes prefirieron trabajar en sus casas y enviarnos los productos; ellos ya no viven aquí, pero nos siguen entregando los productos.

 

-¿Y sí se venden actualmente las sillas de montar?

-Sí, todavía hay ranchos aunque no en la capital del estado, donde los hombres del campo siguen necesitando todos estos productos. En distintos municipios todavía se trabaja mucho en el campo y ellos son en gran parte nuestra clientela.

 

Añade que también venden trajes de charro, con su moño y sombrero; además de trajes para niños, niñas, señoritas, jóvenes y hombres adultos.

Los rancheros y campesinos siguen adquiriendo los productos de la tienda. FOTO: Carlos Román Velasco

 

-¿Quién se los confecciona?

-Una señora los confeccionaba para nosotros en la ciudad, pero se cambió a la Ciudad de México y desde ahí nos envía los trajes.
Trabajo artesanal

El joven Espina Guzmán insiste en que todos sus productos son artesanales, “pues no manejamos artículos de poliéster o plástico”.

 

Todo lo hacen maestros artesanos de Oaxaca, es un trabajo de buena manufactura, muy bien hecho.

 

-¿Como a cuántos artesanos les dan trabajo directa o indirectamente?

-¡Híjole! No, pues tenemos muchos trabajadores. Vienen de San Fernando, otros viven aquí en la ciudad capital; otros son de fuera del estado, como Guadalajara, Veracruz, Tlaxcala y la Ciudad de México.

 

Su mamá lamenta que por el ambulantaje prácticamente la fachada del negocio haya desaparecido. “Dios nos ha ayudado y ahí vamos pasándola; no nos gusta mucho que el frente esté lleno de puestos, pero qué hacemos; ya hemos protestado y nos dicen que los van a quitar, pero no se hace nada y no nos vamos a pelear con la gente que se instala aquí, aunque casi nos tapen la entrada”.

Así lucía la tienda el siglo pasado en Tlaxiaco.

 

-¿Dónde quedó el charrito que estaba en el aparador?

-Ahí sigue, aunque ahora ya casi no se ve por los puestos ambulantes que nos tienen encerrados.

El charrito característico del negocio, solo puede verse salvando a los ambulantes. FOTO: Carlos Román Velasco