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Medio ciclo escolar perdido en Oaxaca. Sismos, lluvias y paros

Ivonne Mateo

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Los últimos 13 días del paro magisterial se suman a los 90 días de clases perdidos en el presente ciclo escolar 2017-2018.

El hecho de que la entidad ocupe el segundo lugar negativo en calidad educativa con 5 de cada 10 padres de familia que consideraron en la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2017 que los maestros incumplen con el calendario escolar refleja esta problemática ya enraizada en Oaxaca.

El calendario establece 185 días de clases; en Oaxaca el 61 por ciento del periodo no se ha cumplido.

En lo que va del 2018 se cuentan 17 días en los que escuelas han cerrado sus instalaciones por manifestaciones y paros magisteriales.

La primera vez, el lunes 12 y martes 13 de marzo. La justificación fue «una jornada masiva de movilizaciones de 72 horas en contra del desarrollo de la evaluación docente», en donde se dejó sin clases a más de 213 mil 720 alumnos con el cierre de 218 mil escuelas.

El paro nacional del 1, 2 y 3 de mayo se suma al conteo; el pasado 29 de mayo los maestros de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores (SNTE) iniciaron su paro indefinido, mismo que ya lleva 13 días activo.

En la primera mitad del ciclo se perdieron al menos 4 meses de clases. NOTICIAS, Voz e Imagen de Oaxaca reportó en total 85 días perdidos por lluvias y sismos.
Nada nuevo

 

Datos del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca en 2015 expusieron que del 2006 a 2014, en los periodos gubernamentales de Ulises Ruiz Ortiz y hasta el cuarto año de ejercicio de Gabino Cué Monteagudo, dejaron a los alumnos sin clases hasta 400 días, tiempo equivalente a dos ciclos escolares completos; es decir, 400 días sin clases, tomando en cuenta que el calendario escolar de la Secretaría de Educación Pública (SEP) contemplaba 200 días laborales en ese entonces.

El análisis Gobernabilidad y Buena Gobernanza: Expectativas Democráticas en Oaxaca mencionaba en 2015 que el conflicto social más grande que las autoridades habían dejado crecer era el conflicto magisterial.

En ese mismo año, el resultado de tal hecho se reflejó en que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) colocó a la entidad en la cima nacional con el problema de suspensión de clases.
Daño irreversible

Los altos índices en pobreza y marginación quedan a la deriva ante la irresponsabilidad del magisterio oaxaqueño cuando dejan sin clases a los menores, pues «no hay peor educación que la que no se ofrece» sostiene Samael Hernández Ruiz en el ensayo Educación y Protesta.

Señala que «con todas las deficiencias que se puedan atribuir a los servicios educativos en Oaxaca, nada le ha hecho más daño que el ausentismo de los maestros provocado por la pereza o por sus paros laborales».

Expone que desde hace más de 30 años los maestros de Oaxaca realizan paros ilegales que no sólo se reflejan en los «bajísimos resultados de pruebas como Enlace o PISA; sino en algo que agrava todo lo anterior: la pérdida de autoridad pedagógica que va acompañada de la desvalorización de la escuela, lugar en donde todo sucede, menos el aprendizaje».

El promedio de escolaridad es de 6.9 años, el equivalente al sexto grado de primaria y el 90 por ciento de los jóvenes de 15 años reprueban o pasan “de panzazo” al concluir la educación básica, según el Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea).