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Oaxaqueñas que son mucha madre

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La coincidencia entre Carmen y Yaya es mantenerse firmes frente a la resistencia social que aún niega aceptar que las mujeres son capaces de realizar tareas que, hasta hace no mucho, eran exclusivas para varones.

Ambas, pundorosas mujeres oaxaqueñas, son ejemplo para sus hijas, al demostrar que ser taxista o bombera nada tiene que ver con el género, sino con el deseo de trabajar, llevar el sustento al hogar y superarse, a pesar de impedimentos o trabas socilaes.

¡Adelante mundo, que aún no me acabo!

La ausencia de su padre duele todavía, es él quien inspiró su amor al taxismo. Carmen Díaz Ramírez lleva el oficio en la sangre; sus abuelos fueron parte de la historia del Sitio Alameda y ella, desde hace ocho años, trabaja a diario detrás de un volante.

Carmen se convirtió en la chofer de su mamá, propietaria de la concesión, y la que desde el principio le marcó claramente las reglas del juego: “Este carro es mío, yo soy la dueña y tú el chofer, a mi me traes mi cuenta”, le advirtió.

Madre de tres, en proceso de divorcio que se generó en parte por la labor que realiza; ser taxista y mujer fue pretexto perfecto para reproches, infidelidades y, en consecuencia, para confirmar que el machismo está muy arraigado en esta sociedad.

21.2% de las mujeres con al menos un hijo es madre soltera
34.5% de las madres solteras es jefa de hogar
73% de adolescentes con hijos que viven con sus padres no asisten a la escuela
31% de madres solteras que trabajan lo hacen en el sector informal
57.1% de mujeres trabajadoras no recibe prestaciones por su trabajo

 

“El taxismo es mi pasión, si me pusieran de frente la opción de elegir entre continuar con un matrimonio que se fue convirtiendo en martirio y mi volante, jamás lo dudaría, me quedo con lo segundo, porque gracias a él tengo la enorme satisfacción de ver a mis hijas cumplir sus metas”, expresó en medio del dolor que le provoca recordar su reciente separación.

Díaz Ramírez suspira y contiene las lágrimas, como tomando fuerza de sus recuerdos, de aquella infancia cuando su padre era parte del Sitio Alameda y al verlo ella soñaba con crecer y ser parte del mismo…suspira y suelta con coraje:

“Teniendo vida todo se puede, enfréntala como viene, con fuerza, honestidad y fe, me decía mi padre y así lo hago, me siento satisfecha con lo que hago, a pesar de todo, así que adelante mundo que aún no me acabo”, indicó,

Límites al machismo

Poner un alto al machismo, el reto más grande

En un principio, adaptarse a las circunstancias significó mantenerse firme frente al actuar de sus compañeros varones. Carmen, a diferencia de ellos, tuvo que batallar mucho para ganarse un espacio en la base, la exclusión e indiferencia eran parte del trato cotidiano que debió tolerar.

Luego vendría el acoso y las actitudes insultantes de los clientes, los riesgos y la inseguridad.

“Un día un cliente me pidió llevarlo y decidió en el camino parar en un depósito, al subir me dijo: ahora sí, aquí está el six y tu tienes el carro, vamonos al hotel; con mucho respeto le pedí que bajara del taxi, no sin antes decirle que tan valioso era su dinero, como digno era mi trabajo”, comentó.

A pesar del sacrificio que implica conducir un taxi, Carmen es una mamá de las pocas que realizan este oficio. FOTO: Emilio Morales

Mujeres, a la cocina

Otro cliente, se negaba un día a subir al taxi, lo hizo a petición de la esposa; al terminar el viaje, éste le confesó que se resistía a utilizar sus servicios porque para él las mujeres solo sirven para la cocina.

Hoy las cosas han cambiado, en el sector la respetan y apoyan, sus compañeros la ven como un taxista más, Carmen sigue adelante, ruleteando y con el deseo de coronar sus esfuerzos, con la realización profesional de sus hijas.

Pasión por ser bombera

Martha Yadira tiene casi la mitad de años que Carmen, pero al igual que ella, decidió por un oficio donde la mujer no tenía cabida. Yaya es una bombera.

Licenciada en Criminología, Yaya prefirió ofrecer su servicio integro a la sociedad y ser con ello un ejemplo de vida para su pequeña hija.

Originaria del Istmo, Martha Yadira también terminó con su pareja; eso no mina su entusiasmo, al contrario, sabe que es momento de prepararse y salir adelante.

Su temple es notorio a distancia, atender llamadas de emergencia, ser testigo de hechos dolorosos y dar la certeza al ciudadano de que tendrá el auxilio, requiere de alguien que se despoje de sí misma para comprender el dolor y la angustia ajena.

Ella, al igual que el resto de sus compañeras, sabe que de su trabajo depende, la vida de otros; el miedo, aunque existe en ella, se queda a un lado cuando se trata de ayudar a los demás.

“Estoy comprometida con mi oficio, me he preparado y lo sigo haciendo, porque el servicio a la comunidad es una forma de vida para mi y quiero heredar a mi hija el ejemplo, educarla para que sepa que no hay imposibles y que mientras crea en sí misma, logrará lo que se proponga”, puntualizó.

Ser madre para ambas, es la más hermosa e importante labor que realizan a diario, satisfacción que se suma a la oportunidad que tienen de realizar un oficio que ya no es solo para varones.