Cambio de jinete frente al Gran manipulador

Cuando en la carrera algo esta fallando, se toman medidas, a fin de que las estrategias funcionen. En el PRI fue obvio que no funcionaron. Incluso, se advirtió a tiempo que era necesario hacer cambios en la Presidencia y en la Coordinación General de la campaña del candidato presidencial. Incluso, Ulises Ruiz, líder del grupo Democracia Interna, fue insistente en hacer cambios en la dirigencia para corregir errores, toda vez que la elección perfilaba a su partido hacia la derrota. Sin embargo, no se hizo caso y se precipitaron divisiones entre la presidencia partidista encabezada por Enrique Ochoa Reza y la Coordinación de Campaña de Aurelio Nuño. Ambos, no lograron despertar los ánimos de las masas ni proyectar con éxito a un candidato que es inamovible del tercer sitio en la contienda.

Esta división interna irritó, todavía más, a la militancia al ser obligada a aceptar la imposición de candidatos, provocando los resultados que hoy se viven en el tricolor al extraviar la brújula; olvidando que un partido político no es solamente la cúpula dirigente sino la militancia, las bases, las masas y la unidad de las organizaciones que lo conforman.

Hoy, el partido oficial se observa rezagado; imagen que mella la credibilidad de las mayorías y que capitaliza a su favor el candidato que sabe manipular a las masas con engaños y promesas y que, de ganar la elección, gobernará por decreto.

Ante el fracaso de las estrategias usadas, los cambios para conformar un nuevo equipo, con nuevo jinete, se operaron como última opción. Sin embargo, los tiempos son adversos para el tricolor para revertir la distancia que lo separa de sus adversarios.

Mientras tanto, él gran manipulador le cuenta a las masas que los empresarios se reúnen en secreto para dañarlo e impedir el avance de la democracia; ladrones que, según él, cavilan con el Presidente Peña, en reuniones tenebrosas, para convencerlo de que Meade renuncie a la candidatura a favor de Ricardo Anaya.

Como si Ricardo Anaya necesitara a un partido que naufraga a causa de las corruptelas cometidas en las cámaras legislativas, en las gubernaturas; en las alcaldías y en la Presidencia de la República. Corruptelas cometidas por aquellos que optaron por las ambiciones materiales más que por la honestidad, la honradez, el honor y la confianza entregadas por las masas partidistas que les confiaron su voto, y que fueron traicionadas y engañadas con promesas que nunca cumplieron.

Ahí esta Oaxaca, saqueada hasta la ignominia, debatiéndose en la violencia sin que autoridad alguna la contenga; en la inseguridad; en la falta de infraestructura en municipios abandonados que carecen de energía eléctrica, agua, empleo y escuelas, como son los casos de Santos Reyes Yucuná; Santa María Zaniza; San Juan Ozolotepec; Coicoyán de las Flores; San Simón Zahuatlán; Santo Domingo Ozoltepec; Santiago Tlazoyaltepec y San Miguel Tilquiapam, que junto con el resto de los municipios que padecen pobreza extrema en el país, suman 190 las entidades evaluadas por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).

Municipios que viven en la miseria, sin escuelas por no tener alumnos ni condiciones para impartir la academia; cero educación o deficiente, pero amenazada constantemente por los grupos que de la violencia han hecho, en complicidad con autoridades sexenales, cotos de poder intocables y forma de vida, como es el caso de la CNTE.

En esas localidades ignoran que México está viviendo un ciclo político trascendental que puede cambiar su destino; no saben como se llama el presidente del país y menos cuales son los partidos políticos que se enfrentan electoralmente, porque a estos municipios no llegan los exquisitos representantes de la política mexicana; clara evidencia de que los olvidados no le importan al sistema político, incluso, ni urnas electorales se instalan.

Esa es la otra cara de la moneda de un sistema político que llegó a su límite, que ya no es útil para México, merced a los partidos políticos y gobernantes que hoy se consumen en la soberbia, en la ingratitud, en la corrupción; en la pésima imagen frente a las masas que los identifican como sinónimos de corrupción, y que, como el PRI, han reaccionado tarde para darle vuelta a una realidad inminente como es la desventaja que lo tiene agobiado.

Por último, la batalla electoral es ahora entre Ricardo Anaya y Andrés Lopez como indiscutibles finalistas, y aunque se operaron cambios en la dirigencia del Institucional es tarde para recuperarse, a menos que una hazaña política aparezca de pronto, y eso en política es posible.

Sabedor que la distancia disminuye, Andrés Lopez recurre al engaño, al chisme, al borrego, a fin de manipular a su rebaño descalificando a Ricardo Anaya quien supo resistir el embate de descalificaciones operado desde la cúpula del poder, quien aguarda el segundo debate para ajustar cuentas.