Resurge la Fatalidad

André Malraux, novelista espléndido, discutido y criticado por abusar de tanta palabrería, escribió una obra espléndida, La Condición Humana.

Escritor polémico, personaje imprescindible en los medios intelectuales de Francia y de la universidades, testigo presente de momentos estelares de su época como la revolución China, los batallas anticolonialistas en Asia, el movimiento antifascista europeo, la guerra de España, la lucha de la resistencia contra el nazismo, la descolonización y reforma de Francia durante el gobierno del general Charles De Gaulle. Vida intensa del escritor que hizo todo lo que quizo en la acción de las grandes hazañas como de las desgracias que caracterizaron su época.

Sus obra como escritor es brillante destacando La esperanza, los conquistadores, La Vida real y El Tiempo del Desprecio y, sin duda, su mejor contribución a la cultura: La Condición Humana.

Citando al autor, me impactó una de sus pensamientos: “Nuestro siglo, frente al siglo XIX, parece un renacimiento de la fatalidad”.

Estas frases expresadas por Malraux el siglo pasado, cobran vigencia aún en este siglo XXI del que ya han transcurrido diez y siete años y medio; largo tiempo en el que han ocurrido enormes desgracias para la humanidad: guerras, migraciones humanas llenas de hambre, miseria, violencia y muerte, actos terroristas que devastaron grandes edificios símbolos del imperio con saldos mortales de miles de personas; uso de armas químicas en Siria que mataron a cientos de niños y mujeres hace unos días.

El mundo vive, en este siglo XXI, un renacimiento de la fatalidad, como atinadamente apuntaba André Malraux.

Fatalidad como la que vive Mexico con un vecino que se despierta de madrugada para vomitar, a través del twitter, sus odios, frustraciones y acusaciones no probadas contra sus vecinos como el afirmar que los “mexicanos son violadores de mujeres nicaragüenses” que cruzan la frontera sur para dirigirse a Estados Unidos”.

La declaración del mandatario me recuerda un pasaje de esa monstruosidad escrita por Adolph Hitler titulada Mein Kamp (>>Mi Lucha<<) cuando el joven de veinte años caminaba por una de las calles de Viena, esa ciudad a la que calificaba como “una Babilonia de razas”, cuando sucedió que un joven judío de “negros rizos, vestido con un largo caftán se cruzo en su camino”. ¡He aquí el indicio!, descubre Adolph al encontrar que el jefe de la Social democracia es el judío, doctrina forjada para establecer el poder de los judíos sobre el mundo entero.

El genio malo, el culpable de todo fue descubierto por Hitler, y pasara un año recluido en la celda numero 7 en la fortaleza de Lansberg,  condenado por alta traición, tras el fracaso del putsch de Munich,  escribiendo su popurrí acerca de la pureza de la raza.

“Ved al joven judío de bellos negros espiar durante horas […] a la joven inconsciente del peligro, a la cual manca con su sangre y arrebata así al pueblo de donde procede […] Lo mismo que corrompe sistemáticamente a las mujeres y a los jóvenes, no teme abatir[…] las barreras que la sangre entre los dos pueblos (el ario y el judío). Fueron los judíos los que trajeron al negro […] al Rhin, siempre con el mismo pensamiento secreto y con el mismo fin: destruir por la degeneración resultante del mestizaje, esta raza blanca, que odian, hacerla caer de su alto nivel de civilización y de organización política, y llegar a ser sus amos”.

La analogía es pertinente, toda vez que el racismo del señor Trump se expresa cada momento que México es tema para escribir en su twitter la verborrea que acostumbra. Es evidente, que encontró en México al genio malo culpable de todo lo que le acontece  a su país.

Sus equivocaciones, sus fantasías, su grosera arrogancia y su ignorancia, señor Trump, le están costando muy caro al pueblo estadounidense que, con usted al frente, ha logrado que Estados Unidos sea ahora un país visto con negativas calificaciones en el mundo y no con la admiración de hace poco, precisamente cuando usted no era presidente.