VIDEO| Energía solar en el reino zapoteca

Citlalli Luciana

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Establecida como una de las cinco zonas arqueológicas principales de México, cientos de turistas recibieron la primavera desde lo alto de la plataforma sur de Monte Albán.

Oraciones, agradecimientos, elevando las manos al sol, ofreciendo disculpas a la naturaleza, así, en rituales personales, fue colmada la antigua capital zapoteca.

Como lo hace desde hace ocho años, Marta Cecilia Javier Carreño subió los 40 metros que desembocan en la cima de la Plataforma Sur. Desde ese punto alzó sus cuarzos al cielo para cargarlos con la energía del sol.

Fiel a su creencia, la mujer explicó que de esta manera lleva hasta su hogar las vibras positivas del astro rey para alejar tragedias y envidias.

Desde ese punto es notorio el hormigueo del turismo atraído por las primeras horas de la primavera, mientras que el sol cae con rigor sobre los sombreros de palma.

Se calcula que al menos 5 mil personas visitan Monte Albán durante el equinoccio, así como el día previo y posterior. FOTO: Javier Jarquín

Día y noche, con igual duración

José Luis Tenorio, encargado de la conservación de Monte Albán, explicó que cada año llegan entre 5 y 7 mil personas durante el equinoccio, el día que le antecede y el posterior.

“El equinoccio es el movimiento aparente del sol, porque en realidad lo que se mueve es la tierra; este movimiento genera las diferentes estaciones del año. El equinoccio está en el Ecuador y por tanto, la noche y el día tienen la misma duración, tanto en el hemisferio norte como en el hemisferio sur”, explicó.

El equinoccio de primavera no siempre ocurre la misma fecha cada año; éste puede llevarse a cabo desde el 19 y hasta el 21 de marzo. La fecha depende del camino de nuestro planeta en su órbita alrededor del sol. En este 2018, la primavera inició el 20 de marzo a las 10:15 horas.

Desde hace muchos años, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) prohibió la realización de rituales con utilización de copal, tambores o hierbas medicinales, por lo que los rituales en Monte Albán se realizan más de manera individual.

Dentro de los rituales personales, visitantes nacionales y extranjeros llevan sus piedras preciosas a cargarse de energía. FOTO: Javier Jarquín

Prefieren visitar Monte Albán

Para darle un sentido más cultural a la entrada de la primavera, estudiantes del preescolar Sor Juana Inés de la Cruz acudieron a Monte Albán para recibir la llegada de la primavera desde una visión más espiritual.

“Nuestro propósito fue reconocer el lugar de juego de pelota mixteca en donde nuestros antepasados daban gracias por todo lo que lo rodeaba y alimentaba. Queremos darle una visión más natural a la entrada de la primavera, conectar a los niños con los sonidos de los pájaros, del viento de los árboles, y dejar el consumismo que provocan los desfiles de primavera; aquello no tiene un sentido propio de vida y de naturaleza”, explicó Elizabeth Lorenzana, directora del plantel.

Ahí, el grupo de escolares ofreció disculpas a la madre naturaleza por la contaminación del agua y el aire, el maltrato a los bosques, la generación de basura y destrucción del hábitat de los animales.

Grupos escolares cambiaron los festivales por el contacto con la naturaleza para recibir la primavera. FOTO: Javier Jarquín

Luego de elevar las manos al cielo, cada uno se fundió en un abrazo propio en señal de gratitud a la vida y a la madre naturaleza. “Damos gracias porque la vida es eso, naturaleza viva”, señaló la directora.

Don Santiago, centinela en el tiempo 

Santiago tenía 8 años cuando conoció por primera vez Monte Albán. En ese entonces, las excavaciones aún no concluían y a sus ojos infantiles, el poderío zapoteca era sólo montículos de piedras.

Los años pasaron y sin proponérselo, don Santiago se convirtió en centinela del más importante centro ceremonial del país. Durante las cinco décadas en las que lleva como vendedor de artesanías dentro de la zona arqueológica, sus ojos, cada vez más vencidos en arrugas, han sido testigos de la transformación de aquél lugar.

“Para mí, como niño, eran sólo piedras; con el paso del tiempo esto fue tomando forma y también cambiando. Antes era posible entrar a los túneles, ahora ya no es posible. También la gente era distinta”, señala entre el suspiro que arranca el correr del reloj.

Su mente recuerda perfecto el momento. “Aquí se exploró en 1931 y yo lo vine a conocer en el 1944 o 1945, tenía ocho años. A mi me tocó verlo recién excavado. Me trajo un tío, dice: vamos allá arriba, dicen que encontraron unas ruinas y las están reconstruyendo. Mero oíamos el ruiderón de carros de volteo que vaciaban tierra y tierra, así fue cuando venimos a ver. Todavía me acuerdo cómo estaban escarbando para sacarle las raíces al templo”, explica sentado a un costado del edificio L.