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Cáncer desgarra la vida infantil en Oaxaca

Nadia Altamirano

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SAN BARTOLO COYOTEPEC.-Desde que el Hospital General doctor Aurelio Valdivieso perdió la acreditación para tratar y recibir recursos federales de Gastos Catastróficos para atender a menos de edad con cáncer, el Hospital de la Niñez Oaxaqueña doctor Guillermo Zárate Mijangos, es el único donde pueden ser tratados quienes carecen de seguridad social.

Que el tratamiento antineoplástico sea cubierto por el Seguro Popular no es una garantía de que existan los medicamentos para el tratamiento. El retraso en el pago por las atenciones es una constante que resienten los pacientes.

«A veces no hay las cosas que ellos usan, se atrasa el tratamiento hasta que se reciben medicamentes se les pueden poner; a veces son necesarios entre 15 mil a 20 mil pesos por un día y ellos necesitan tratamiento cada semana y no hay posibilidades de comprar la medicina», expresa Efrén López González en un lenguaje desprovisto de terminología médica.

Junto con su familia, Efrén lleva seis años tratando de que su hija Rocío supere una leucemia. Cuando creyeron que lo habían logrado, recayó y ahora avizora otros tres años de constantes visitas al hospital.

¿Qué tipos de cáncer quita la vida a infantes?
Leucemias en 55.4% de los casos
Linfomas en 14.6%
Tumores gonadales trofoblásticos y germinales en 6.5%

 

Tener 15 años eleva el umbral de riesgo para Rocío. Concluyó la secundaria, pero los constantes ingresos al hospital para recibir quimioterapia impide que pueda seguir una educación escolarizada. Su padre recuerda cómo se manifestó la leucemia .

«Empezó con dolencia en la mano izquierda, no podía ni escribir. Los médicos dijeron que eran reuma juvenil; otro doctor ya sabía, pero no nos había dicho nada, explicó que cuando le salieran puntitos en el pecho y pies deberíamos acudir rápidamente”, cuenta.

Y así sucedió. Ese fue el inicio de visitas recurrentes a un hospital que en 2016 conoció de 89 casos nuevos, diez más que los registrados en 2017, sin contar aún los que se van acumulando en los primeros 45 días de este año, entre ellos el de Hassed, un niño que antes de caminar ya debe soportar las quimioterapias.

Una cultura de donación de sangre permitiría que familiares superaran uno de tantos requerimientos.

A corta edad

Aún no es mediodía, está por cumplir una semana que Hassan está conectado, vía un catéter central en su pecho, a una torre con perfusores y bomba de infusión de soluciones. Su boca está pegada al pecho de su madre, Abigail, una joven de 17 años, y no quiere soltarlo, lleva 8 horas en ayuno.

A Abigail el desgaste emocional se le cruza con el cansancio, recostada en un sillón rememora que, ni bien iniciaba el año, su hijo ingresó a este hospital por deshidratación.

Cinco días después, el 7 de enero pasado, le diagnosticaron leucemia. Le dieron de alta 22 días después y, en casa, estuvo sólo cuatro días. El 2 de febrero reingresó por una recaída que lo obliga a estar conectado de manera permanente a aparatos que limitan su movimiento.

Esas quimioterapias son un intento por inyectarle vida, pero también representan un riesgo: “si no responde bien, son pocas las posibilidades, las quimios son muy fuertes y es de muy alto riesgo por su edad”, comparte Abigail con una entereza que le impide desmoronarse.

El calvario

Como si guardara las lágrimas para sí, recuerda que antes de que Hassan enfermara “era un niño normal, ya gateaba, jugaba, ahora no es el mismo, cambió su autoestima, yo como madre dije que iba a hacer el intento hasta donde él resistiera y va respondiendo bien”.

Como si no encontrara la paz, ni bien Hassan ingresa con su madre al hospital, ella ya quiere volver a casa, pero cuando están ahí no se siente tranquila, tiene miedo a una recaída, la incertidumbre la tiene agotada.

Más difícil en la pobreza

Un agotamiento similar, pero acumulado durante tres años, es el que siente Ana Aguilar Gutiérrez. A su hijo Mario de cinco años le diagnosticaron leucemia cuando tenía dos años.

Todos estos años se han ido en invertir 14 horas de viaje para trasladarse a este hospital dede La Soledad, “un pueblo muy pequeño” en San Juan Colorado.

La fase de tratamiento por la que por ahora atraviesa Mario implica espaciar las visitas cada mes, pero después deberá acudir cada semana. La distancia que debe recorrer y su limitada economía familiar le recuerdan lo difícil que es enfrentar en la pobreza al cáncer .

“Doy gracias a la médica que le tocó porque es muy responsable con sus pacientes, siempre hemos tratado de hacer lo posible por no fallar, pero el seguro Popular no paga todo, a veces se necesitan estudios de laboratorio o medicamentos que escasean y no podemos pagar si la suma es superior a los dos mil pesos”, narra con sosiego.

Es la coordinadora del Servicio de Hemato-oncología del Hospital de la Niñez, Nuria Luna Silva, quien explica que es de cinco años el promedio de sobrevivencia estimada para los pacientes que ahí se atienden

Entre los casos de cáncer, son leucemia y tumores sólidos los que son detectados en fases avanzadas y con complicaciones diversas; en esa circunstancia se puede ocasionar la muerte en una etapa donde en lo que se piensa es en crecer.

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