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Enrique Arnaud: el camino de la opulencia a la desgracia

Laura Díaz

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Enrique Celso Arnaud Viñas fue un hombre poderoso, beneficiario de los poderosos, pero dicen que muy mal amigo con los suyos.

Compañero de infancia, de escuela y de juegos de futbol de Diódoro Carrasco Altamirano, la vida le sonrió cuando a éste le cayó el gobierno del estado de la mano de Heladio Ramírez López.

Un buen día le llegó la suerte, cuando José Antonio Estefan Garfias, entonces secretario de Finanzas, renunció al cargo para irse a la Secretaría General de Gobierno; entonces Arnaud subió al tobogán de la riqueza.

Con bellas secretarias, entre ellas una cuñada de Gabino Cué Monteagudo, nada parecía ensombrecer su futuro. Así concluyó el gobierno de Carrasco Altamirano, que le dejó, entre otros bienes, una embasadora de agua y un rancho de mangos en el Istmo de Tehuantepec.

Fue un hombre soberbio, con propios y extraños, por eso, en la Secretaría de Gobernación su amigo, el amigo y operador de Ernesto Zedillo Ponce de León, lo hizo a un lado para encumbrar a otros pillos: Jorge el Coco Castillo y Gerardo Cajiga Estrada, otros amigos del alma de Carrasco Altamirano.

Gerardo Cajiga fue el Oficial Mayor, vanidoso, pagado de sí mismo, pero sumamente torpe en el manejo administrativo. Ya lo había demostrado en el gobierno de Heladio Ramírez, cuando quiso vender el helicóptero del gobierno del estado, sin saber que era del Estado Mayor Presidencial y sólo estaba en comodato en Oaxaca. La gracia le costó su exilio de Oaxaca.

En la Secretaría de Gobernación volvió a cometer torpezas tras torpezas, la última casi le costó la cárcel y sólo le salvó la pericia del licenciado Roberto Pedro Martínez, quien logró que sólo lo inhabilitaran 10 años por la compra fraudulenta de aviones y helicópteros. Se fue a Miami, para evadir la cárcel.

Otro de los beneficiados de la pericia legal de Roberto Pedro Martínez, fue el Coco Castillo; también evadió la cárcel. Él y Cajiga trabaron una duradera amistad con el secretario particular del secretario Carrasco, y más cuando Gabino Cué fue ascendido a subsecretario encargado de los medios de comunicación de social del gobierno federal.

La fluidez del dinero le valió a Gerardo Cajiga ser nombrado secretario de Finanzas del gobierno del cambio, con una Subsecretaría de Planeación y Programación que le quitaron al Comité de Planeación para el Desarrollo de Oaxaca, donde Alberto Benítez Tiburcio repartió obras a discreción, con el módico 10 por ciento, según denuncias de los constructores y presidentes municipales de la época.

Jorge el Coco Castillo fue más vivo y mejor beneficiado, con una inhabilitación a cuestas, no pudo fungir como funcionario de Gabino Cué, pero fue el otro repartidor de contratos y financiero de todas las actividades políticas de los partidos de la Coalición Por la Paz y el Progreso que gobernó en esos años.

Sin cargo público comprobado, el Coco Castillo está fuera de la acción de la justicia administrativa oaxaqueña, sólo el Sistema de Administración Tributaria le puede, como lo hizo con algunas cuentas bancarias, fincarle responsabilidades.

Otra vez, la ambición y la torpeza torpedearon la carrera administrativa de Gerardo Cajiga. Según Jesús Martínez Álvarez, un día se llevó 2 mil millones de pesos al banco Interacciones; fue la punta de iceberg, pero también su salvación.

Despedido por Gabino Cué, se refugió en el banco Interacciones, propiedad de Carlos Hank Rhon, uno de los más prominentes miembros del privilegiado Grupo Atlacomulco, el mismo del que forma parte el hermano de la actual esposa de José Murat.

Mientras tanto, Enrique Arnaud se hizo cargo del desastre financiero que dejó Cajiga y, como pudo, siguió pagando los acuerdos de su gobernador Gabino Cué, los de su valido, el Coco Castillo, y mantuvo el pozo de la corrupción de Benítez Tiburcio en la Subsecretaría de Planeación y Presupuestación.

Uno sólo de sus negocios les valió, a Cajiga y a Arnaud, pisar la cárcel de Ixcotel, acusados de haber otorgado un crédito puente que nunca se ejecutó, al exsecretario de Salud, Germán Tenorio Vasconcelos, otro ínclito huésped del penal.

Curiosamente, unos días después de estar en la cárcel, Gerardo Cajiga salió, para enfrentar su juicio desde la comodidad de su casa, mientras que a sus compinches les negaron el trato preferencial, a pesar de estar acusados de los mismos delitos; claro, ninguno de ellos hizo sudar dinero del gobierno en Interacciones, ni ser amigo personal de Hank.

Ayer, al triste secretario de Finanzas, Enrique Arnaud, lo subieron a la batea de una camioneta de la Policía Estatal, vestido de caqui reglamentario de reo, para trasladarlo al juzgado de juicio oral donde llevan su proceso.

Cabizbajo, con la mirada perdida en la lejanía, el hombre que manejó millones de pesos, mal amigo con sus amigos, se vio perseguido por las cámaras fotográficas de quienes siguen el mal fario de los caídos en desgracia, mientras Cajiga disfruta de las comodidades del testigo protegido…

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