Sin horno, perpetuar pobreza en el Istmo, Oaxaca

Gerardo Valdivieso Parada

http://www.nvinoticias.com/nota/71008/sin-horno-perpetuar-pobreza-en-el-istmo-oaxaca

JUCHITÁN, Oaxaca.- El sismo del jueves 7 ha arrinconado a los juchitecos, su medio de vida, los hornos para cocer totopos han sufrido severos daños. Están inservibles y, con ello, carecen de medios para hacerse de recursos. Estaban en la pobreza, ahora ni a ella la tienen como compañera.

Isabelia Sánchez Martínez

Tiene su cocina dañada, sus hijos le han prohibido meterse ahí. De todos modos carece de sentido porque el horno de tortilla se quebró; la olla era nueva, no hacía mucho tiempo que fue construido en un marco de blocks y alrededor de la olla con arena y emparejano con la boca de la olla en una superficie de adobe.

La olla la había comprado con un vecino, sus paredes eran delgadas, ideales para hacer tortillas de horno y totopos, porque en una olla con paredes gruesas no se coce bien el producto. Hoy no tiene nada.

Sobre el horno, dando forma al totopo. FOTO: Emilio Morales

Claritza Sánchez Vásquez

Una barda cayó encima de dos hornos, ambos quedaron destruidos por lo que perdió la manera en la cual Clariza Sánches puede obtener su sustenteo: los totopos. Cuando sus dos hornos estaban en pie, podía elaborar hasta 500 totopos en un día con 10 litros de maíz.

Se levantaba a las 3 horas para hacer su faena: poner la leña en los dos hornos y diez litros de maíz a hervir en el fogón. Luego de que el maíz está cocido con la cal virgen, lo limpiaba en las pichanchas modernas: unas cubetas de plástico llenas de agujeros, una y otra vez se lava el maíz.

Claritza vendía a un peso el totopo, tenía ya sus clientas que compraban el producto considerado rico y crujiente.

Ahora hay que vivir del trabajo del marido; el centro de trabajo está ubicado en la colonia Laguna Yupi, en donde jamás ha llegado una despensa: “cuando nos avisan que están repartiendo despensas corremos, pero al llegar ya no hay nada”, dice Claritza, que vive en una tienda improvisada fuer de lo que fue su vivienda.

Bertha Santiago Santiago

Bertha Santiago, su horno muestra profundas fisuras por el sismo y la cocina quedó dañada

Este otro horno muestra cicatrices, coarteaduras a causa del sismo y la cocina quedó dañada; Bertha tiene miedo, por eso no ingresa al espacio, teme que se colaps.

Lleva muchos días sin hacer totopos, por lo que urgió al esposo a realizar la limpieza y apuntalar con madera el muro que sostiene el techo de lámina del área de cocina.

Por eso apenas este jueves empezó a moler la masa para echar los totopos, para enmendar temporalmente la olla del horno que remozó con cemento. “Vino el ejército y nos dijo que iba a censar la casa, les dijimos si no había apoyo para recuperar la cocina, nos dijeron que la cocina no, ¡pero si la cocina es de donde comemos!”, recuerda Bertha.

Como para burlarse se dirige al reportero en zapoteco: “llegan los dxu (fuereños) a tomar fotos, tome y tome fotos, pero nada de apoyos”, dice mientras mete y saca la mano en el horno, en su cocina negra de hollín.

Todas coinciden que les vendría muy bien un apoyo del gobierno para levantarse.

Manos y estómagos vacíos

No hay horno para hacer tortilla que no se dañara o destruyera en Juchitán; por lo menos en la Novena Sección las productoras de totopo son parte importante del sostén de sus familias con la venta del producto, algunas de ellas son abuelas cuando no pasan de los 50 años, en sus casas se acogen sus jóvenes nueras.

Algunas levantan sus cocinas como pueden, otras esperan ahorrar, porque también sus máquinas tortilladoras quedaron inservibles, algunas aún no son propietarias de sus máquinas porque las adquirieron por pagos y no acaban de pagarlas.

El molino de Ta Chicu

El molino de Ta Chico, sobreviviente. FOTO: Emilio Morales

El molino de Ta Chicu Bigu (tortuga), en la Novena Sección o Cheguigo Sur, abre a las tres horas. A esa hora empieza el ajetreo de las que “muelen” (ruutu’), las que fabrican tortilla, un trabajo que inicia a varias horas de que se asome el sol y termina hasta las 16 horas, cuando se distribuyen las tortillas o totopos.

¡Salvado!

El dueño del molino, Ta Chico, explica que su pequeño local se salvó del sismo, se deslizaron las tejas pero el techo de madera quedó intacto, por lo que sólo le puso una lona arriba y sigue operando. Su molino recibe maíz hervido hasta las 15 horas o más; en la tarde se lava el aparato para recibir chiles en la molienda empleados al cocinar mole.

El molino que opera con un motor es maniobrado por sus hijas, vierten el contenido en las recipientes mientras la dueña del maíz recoge la masa. Las productoras vuelven a moler el resultado hasta que quede una masa fina. Antes de que existieran los molinos todo se molía en el metate, «un trabajo duro» reconocen las tortilleras.

Las hijas de Ta Chico no están, salieron apresuradas a recoger una despensa, los camiones se paran en la antigua cárcel y generalmente nunca llegan a alcanzar, siempre las acaparan las personas que viven cerca y ellas solamente alcanzan botes de agua.

Trabajo arduo

Sus hijas están casadas pero se refugian en su casa luego del sismo; en ésta hay dos hornos para cocinar tortillas y, aunque están dañados aún intentan echar tortillas en ellas. Generalmente en casa de personas que producen totopos hay dos hornos y una máquina tortilladora.

La máquina agiliza el trabajo de fabricar totopos; los rodillos pueden elabora totopos delgados, hacerlos a mano es más tardado además de que se debe contar con agilidad y suma paciencia, el rodillo se salta esos minutos de formarlo con las manos, de esas máquinas los totopos salen al horno delgaditos y crujientes.

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