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Zócalo marchito; triste postal de Oaxaca

Nadia Altamirano Díaz

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La ciudad, patrimonio mundial, luce sucia y descuidada

Fuentes de agua que no funcionan, áreas verdes reducidas a arbolado de gran tamaño, pintas en la cantera del kiosko y el comercio irregular socavado por los plantones que se postergan más allá de los sexenios, configuran la anatomía diaria del zócalo de la ciudad de Oaxaca.

Nada importa que éste sea el corazón de una ciudad reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 1987 como patrimonio mundial de la humanidad o que la fiesta mayor en Oaxaca, la Guelaguetza, esté a unos días de realizarse.

Los pasillos están secuestrados por vemdedores. FOTO: Giovanna Martínez

El descontento que afea

El tequio de este fin de semana que tanto se utilizó para que quienes forman parte del servicio público en Oaxaca se ufanaran de participar, “ni sirvió, el zócalo sigue igual”, critica el bolero Manuel Pérez mientras unta jabón y agua a unas botas enlodadas que representan su tercera lustreada de un día que. Si bien le va, llegará a seis.

Ese “buen rato” que conforman los 22 años que lleva como bolero, le ha permitido ver cómo el área en que confluyen el zócalo y los portales que están debajo de la sede central del Poder Ejecutivo se ocupan siempre, “cuando no es una organización es otra o varias”, pero que esté vacío de manifestaciones por demandas no cumplidas es una excepción.

El “mal aspecto” que da el descontento social, se ve aderezado con la falta de mantenimiento a las cuatro fuentes del zócalo y una más de la Alameda. Los motores y luces que les daban su razón de ser, no han sido repuestos desde diciembre en que fueron robados, a excepción de una en la Alameda de León que días atrás apenas empezó a funcionar.

A decir de personal de limpia, encargado del mantenimiento de las fuentes, con agua o sin ella, a muchas de las personas que acuden o pasean por el zócalo les falta aprender a cuidar del principal espacio público de la ciudad. “Si funciona, los niños le echan piedras a la fuente y si no tiene la malla, llegan al motor y se descompone”, reflexiona fugazmente un trabajador del municipio que prefiere omitir su nombre y seguir intentando ver que aunque seca la fuente esté limpia.

Está prácticamente convertido en un mercado. FOTO: Giovanna Martínez

Frente a él, uno de sus compañeros, pero encargado de la limpieza de los jardines, Aarón “N”, encuentra en esa falta de cultura del tratamiento de los desechos la explicación más inmediata a la falta de limpieza en el zócalo, de donde calcula que a diario se recolectan entre 4 o 5 toneladas de vasos desechables, platos de unicel y botellas de vidrio o plástico, principalmente.

Tienen derecho a tirar basura, dicen

“De nada sirven las papeleras, la gente come aquí (refiriéndose a las jardineras) y aquí deja basura, si les pedimos que usen las papeleras se enojan, nos dicen que por pagar su predial tienen derecho a tirar su basura y que nosotros la levantemos”, una tarea mayúscula si recién ha pasado una marcha o un mitin.

En las jardineras del zócalo no hay pasto ni flores. Después de 11 años que el derribo de un árbol sobre parte de la fachada del Palacio de Gobierno obligó a una poda generalizada, apenas este lunes una cuadrilla de sanidad de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Pesca y Acuacultura empezaron a retiran ramas muertas en 95 árboles, entre laureles y jacarandas distribuidos entre el zócalo y la Alameda de León.

Mientras observaba las maniobras que con motosierra en mano y sostenidos de cuerdas realizaban sus compañeros, el encargado del personal técnico que encabezó esa cuadrilla de 15 hombres, Juventino Hernández Hernández, destacó que se realizaban para garantizar la seguridad de las personas que asisten al zócalo, pero irónicamente el primer día de trabajo sólo tenían un cono para señalamiento, ramas recién cortadas como una suerte de vallas y personas tratando de impedir el paso.