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Las calificaciones más altas

Corren los días y el proceso electoral más importante de México se acerca y con el la fase de selección de candidatos a los cargos que estarán en juego, desde la Presidencia de la República, algunas gubernaturas, el senado y la cámara de diputados; sumando un total de mil 365 cargos de elección popular.

En consecuencia, es importante tomar en cuenta las elecciones recientes del Estado de México, Veracruz, Nayarit y Coahuila, toda vez que el partido que perdió más votos fue el PRI, seguido por el PRD. El tricolor “ganó” el Estado de México, perdió Veracruz, Estado que ganó el PAN-PRD, al haber obtenido 112 alcaldías, 67 más que hace cuatro años.

Morena, elevó su número de votantes al haber obtenido 17 alcaldías, entre ellas, la Capital, Xalapa y Coatzacoalcos tercera ciudad en importancia en Veracruz. Por lo que respecta a Coahuila, el conteo final fue a favor del PRI pero la oposición no lo acepta por lo que continua el diferendo.

El PRI perdió el control del 54% del país, equivalente a 3 millones de votos en los últimos tres años. Morena escaló al tercer lugar de la tabla elevando significativamente el número de votantes a su favor. Tenemos entonces que el PAN gobierna 11 estados del país; el PRD 4 en alianza con el PAN; el PRI 15 entidades y el Verde Ecologista 1.

Datos generales que hablan de la hegemonía perdida del tricolor y que, por lo tanto, los números le son adversos para la contienda electoral del 2018, tomando en cuenta la posible formación de alianzas, frentes y bloques como estrategias de la oposición. De ahí, la insistencia perredista por hacer alianzas cuanto antes o conformar frentes y bloques capaces de sacar al PRI de Los Pinos. El tricolor le apostará a la fórmula divisora que utilizó en Oaxaca y repitió en el Estado de México.

Pero no solo es la estrategia electoral la que cuenta para enfrentar a los adversarios, hace falta el abanderado(a) que honre el desafío, y en ese sentido el PRI no tiene mucha tela de donde cortar para hacer la bandera ganadora, recordemos:

Los precandidatos que iniciaron la carrera por la presidencia en los primeros lugares, se han desgastado, más de la cuenta, como para tener éxito enfrentando a Morena o al PAN-PRD, debido a varios factores que van desde la falta de honestidad y el mediocre desempeño en la Secretaría de Hacienda y las “metidas de pata” con Trump; hasta la imposibilidad de contener la violencia e inseguridad en el país desde la Secretaría de Gobernación. Factores estos que al correr del tiempo, propició que las simpatías del electorado cambiaran.

Los escándalos de “Las Casas Blancas “; la invitación al candidato Trump a los Pinos con trato de jefe de estado; el imparable saqueo de gasolina, el aumento de la inseguridad y la violencia en los penales, en las carreteras, en las calles, en todos lados, han hecho que Luis Videgaray Caso y Miguel Ángel Osorio Chong, disminuyan sus posibilidades para ser elegidos por el PRI para ser candidatos presidenciales. Pero si sucediera lo contrario, el resultado sería la derrota del PRI frente a Morena.

Pero como en la política las cosas pueden cambiar al instante, las estrategias igualmente pueden cambiar. De ahí que un viraje radical en la cúpula priista a favor de quien no tenga antecedentes de corrupción ni actos que avergüencen al electorado no sería extraño y si sensato, hábil y atinado.

Se trata, creo, de optar por quien tenga posibilidades de éxito, no de imponer candidato solo porque es el favorito del Presidente. Eso sería necedad perdedora, terquedad que, en los tiempos actuales, parecería de otro mundo.

Hay que abrir al tricolor, hay que escuchar a las bases porque solo así, la decisión de selección del candidato se fortalecerá y unirá a un partido cuyo gerente bullanguero no ha entendido que, de lo que se trata es de hacer política, no de buscar bullas.

En México, la pobreza alcanzó a 50.6 millones de habitantes que la padecen, obviamente, la nación no desea más de lo mismo, pues se ha llegado al hartazgo. Pero si el PRI se inclina por alguien honesto, con más experiencia en la administración pública que todos aquellos que aspiran a ser candidatos; que no tenga “casa blanca”, que no vengan a aprender, que no tenga mansiones y condominios en Miami, ni en Manhattan; ni abultadas cuentas bancarias en decenas de bancos; una persona limpia, con prestigio interno y externo; que sea respetado y reconocido por sus colegas de gabinete; respetado en los centros financieros y económicos mundiales; reconocido por sus pares en las cancillerías en el mundo; una persona con brillo académico y en el ejercicio de gobierno; alguien que pudiera impulsar al país para alcanzar el pleno desarrollo político y económico, el hartazgo de la nación podría remontarse.

José Antonio Meade Kuribreña, político que se ha mantenido al margen de la partidocracia, es poseedor de las calificaciones mencionadas.

Las herramientas de Meade para contender con éxito en la justa presidencial son, la honestidad a toda prueba, notable en los cargos desempeñados en dos gobiernos diferentes; capacidad demostrada para contener la debacle heredada en la Secretaría de Hacienda; ser amigo leal con fidelidad a toda prueba. Nunca se ha expresado mal de sus colegas o del presidente anterior, y eso tiene valioso sentido moral.

Sin duda, Meade, podría ser la mejor carta a jugar por parte de un partido que debido a la corrupción de sus cuadros de gobierno y a una práctica política errática cayó en el desprestigio popular perdiendo 3 millones de militantes.