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En busca del sucesor(a) presidencial

Se aproxima el 1o de Septiembre, fecha del quinto informe presidencial, y que marcará los sucesos políticos importantes, ejemplo, los “destapes” de aquellos que contenderán por el cargo político más importante del país: La Presidencia de México.

Tiempos y momentos que ya se viven y que, incluso, se sienten en el ambiente, en el entorno, en los lugares acostumbrados de reunión en donde es frecuente escuchar a los asistentes diciendo “¿Cómo ves a fulano?”

Comentarios que son parte del juego político, que la nación práctica cada seis años para alimentar la esperanza de un sueño angustiante y ansioso que amarga la vida diaria. Juego político que sexenio a sexenio se lleva a cabo, a través de grupos de presión, de interés, de partidos políticos que, en estas fechas, se reponen del desprestigio en que han caído, debido a que son los instrumentos legales que inducen el voto a las urnas.

Desprestigio partidista por la carencia de ideologías acorde con los tiempos, incumplimiento de propósitos y metas, falsa retórica que no comunica y nadie escucha; práctica obscura y autoritaria de la designación de candidatos en el PRI y el reclamo de la “Corriente Democrática” y la “Alianza Generacional”, en el sentido de que los procesos de selección de candidaturas deben ser a través de la consulta directa a las bases y no por “dedazo” presidencial.

Juego político sexenal en el que va creciendo la ola de desconfianza y desilusión. Una ola que parece precipitarnos a un abismo más profundo que hace más ancha la brecha entre los que tienen más y los que tienen menos, o casi nada.

Aun así, el proceso de sucesión que alimenta al sistema político mexicano ya inició ese extraño proceso de curiosidad, de especulación, de acertijos, de predicciones y de sueños que no se cumplirán. Solo la Fortuna guiñara el ojo a los elegidos(as) y solo ella, la Fortuna, sabe lo que ocurrirá.

Así, los llamados tiempos políticos del país nos conducen al acertijo, a las comparaciones, a lo subjetivo de la adivinanza, de quien habrá de ejercer el poder en México. Y es que no puede ser de otra forma el rito sexenal en un sistema presidencial viciado y una democracia en ciernes.

La etapa especuladora, imaginativa y hasta pasional en torno a los posibles, con frecuencia, hace olvidar que lo importante para la nación, no es solamente el nombre del candidato(a) sino lo que debe realizar como gobernante.

Programa y después el nombre, afirmó en alguna ocasión Jesús Reyes Heroles, y tuvo razón el hombre de letras, historiador, político y funcionario destacado, toda vez que la realidad actual lo exige.

En consecuencia, el futuro es lo que nos debe importar y no solo el nombre de quien será el gobernante que resulte electo con un porcentaje minoritario de votación, como es el caso presidencial actual. Las resistencias del PRI y Morena a una reforma constitucional para una Segunda Vuelta Electoral conducirán al país, una vez más, a un ejercicio electoral contrario a la democracia y a la voluntad general.

Sin embargo, aun así, democráticamente reducidos, debemos reconocer que México no se ha deshecho, no ha desaparecido y si, con dificultad, ha superado las crisis económicas en las que todo fue adverso, incluyendo al vecino del norte. Según la Secretaria de Hacienda, hoy la situación económica del país es satisfactoria y permite dar pasos a nuevas y solidas bases para el siguiente periodo gubernamental.

Es por ello, que deberá ser condición a futuro inmediato ofrecer a la nación planes y programas claros y objetivos de lo que será el próximo gobierno, pues aun, con las afirmaciones del Secretario de Hacienda, José Antonio Meade y del propio Presidente Peña, en el sentido de que la economía marcha bien; lo cierto es que el modelo económico actual ni es justo ni es equitativo y la pobreza extrema se profundiza, es decir, existen dos México, el rico y el pobre, el globalizado y el que no lo es.

Una de las actividades deseables a realizar por el actual gobierno, incluso para dejar como legado, debería de ser la de aprobar la Segunda Vuelta electoral, a fin de que México de un paso más hacia una democracia más amplia y moderna.

Por lo que toca a la partidocracia, deseable sería reasumir la autentica e histórica responsabilidad que les debe caracterizar, como es el rescatar la confianza del electorado, la cual perdieron por la corrupción ejercida desde las cúpulas dirigentes. Rescatar la credibilidad de la ciudadanía cumpliendo las obligaciones y derechos de las leyes electorales, a fin de alejar las posibilidades de fraude y violaciones a las reglas que los convierte en corruptos.

De no ser así, México continuará detenido en el tiempo al no atreverse a dar el paso hacia la modernización de un sistema político que ya acusa el peso de los años y que, contrasta, como momia, frente a democracias como la de Francia, encabezada por el joven presidente Emmanuel Macron, o la de Canadá con otro joven gobernante al frente del gobierno, Justin Trudeau.