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Grave diagnóstico a hospital de Huixtepec

Yuri Sosa

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SAN PABLO HUIXTEPEC, Oaxaca.- Raquel está desesperada, los dolores le gritan que su bebé va a nacer a las 38 semanas de gestación; la espera es larga para ser atendida nuevamente, pues ella insiste en recibir un mejor diagnóstico, pese a que las enfermeras ya le indicaron que no son dolores de parto.

Mientras que las contracciones se hacen más continuas, a unos cuantos metros de ella, Omar corre con receta en mano para comprar en una farmacia particular hilo para suturar; su esposa dará a luz a su bebé por cesárea, pero en el hospital general “Doctor Manuel Velasco Suárez”, de esta comunidad, no cuentan ni siquiera con lo más básico para esta cirugía.

Ante la falta de medicamentos en los SSO, los oaxaqueños surten recetas en farmacias particulares. FOTO: Mario Jiménez

Agoniza la esperanza

Una vez que los enfermos ingresan a este nosocomio, el cual está rodeado por farmacias particulares y negocios de servicios funerarios, la esperanza se desvanece para dar paso al enojo e impotencia.

“Aquí llegan esperanzados en recibir atención y curarse, pero al entregarles las recetas de lo que deben comprar los pacientes y sus familiares, se enojan y hasta nos insultan”, reconoce una trabajadora del hospital.

Los familiares pasan frío, calor y hambre en espera de noticias sobre su enfermo. FOTO: Mario Jiménez

Los pacientes, en su mayoría de comunidades marginadas en la entidad y que apenas sus ingresos diarios les alcanzan para vivir, no tienen otra mejor opción que encomendarse a sus santos y depositar su confianza en el personal del hospital para superar sus problemas de salud o en su caso, salvar la vida.

Por cada rincón de este nosocomio, con tres camas para urgencias y 24 para hospitalización, se respira el desamparo de las autoridades de los Servicios de Salud del estado, mientras que en el exterior de sus instalaciones pululan los rostros desencajados, cartones en el suelo, cobijas y cuerpos cansados en la espera de noticias.

Compran las medicinas

Desde el jueves pasado, Antonieta vela la salud de su esposo internado por un lavado de pie diabético. Desde ese entonces a la fecha ha gastado poco más de mil pesos en antibióticos y medicinas para el dolor; “ya nos dijeron que no hay medicinas, así que no hay de otra”, expresa la mujer, quien espera la hora de visita.

Pero las deficiencias no se limitan al punto de las medicinas, indica que en la atención también hay dificultades, pues en su caso, cada doctor que atiende a su marido le da un diagnóstico diferente.

Desde urgencias, hasta la sala principal del hospital, llega Raquel a paso lento. Los dolores que iniciaron a las 4:00 horas siguen hasta después del mediodía.

Las recetas de los SSO se surten en farmacias particulares. FOTO: Mario Jiménez

Su desesperación para ser atendida la dirigen a las oficinas administrativas en busca del director, pero no está.

La mujer y su esposo están a punto de acudir con un ginecólogo particular, pues dudan del primer diagnóstico otorgado por este nosocomio, al que sólo la situación económica los hace aferrarse a un intento más para ser atendida nuevamente.

Ni lo básico, ni lo caro

“No tenemos nada, nada para suturar, ni soluciones, gasas, nada; ni lo básico, ni lo caro”, expresó un enfermero, quien por temor a represalias pidió el anonimato.

Pero las necesidades también se extienden al mantenimiento del lugar y equipo médico. La cara de los empleados entrevistados lo dice todo. El desconsuelo que tratan de ocultar frente a los pacientes se hace evidente ante la pregunta para saber sobre el servicio de salud.

“Estamos mal, esto está muy mal, no tenemos medicinas, nada”, contestan. A un lado pasan los pacientes camino a las farmacias frente al lugar.

Omar, el futuro padre de una niña, sólo da vueltas, del área de urgencias al área principal. Luego de las primeras compras de insumos, el hombre se dice resignado a desembolsar más dinero para el medicamento necesario para su esposa e hija.

Farmacia del hospital, con anaqueles vacíos. FOTO: Mario Jiménez

Nada que informar

El nosocomio está plagado por guardias de seguridad contratados por la empresa Servicios Integrales de Seguridad y Mantenimiento, S.A de C.V. (Seglim) –contra la que trabajadores de diferentes hospitales y centros de salud se manifestaron por falta de pago de salarios-.

Caminar sin la persecución de estos elementos es imposible. Mientras que otro trabajador de esta misma empresa del área de limpieza trata de barrer la zona de espera de la entrada principal llena de polvo, de basureros plagados por moscas y con las que los familiares de los pacientes deben convivir.

“Está en cirugía y va a demorar”, se informa a NOTICIAS sobre el paradero del director José Roberto Valadez Sánchez, luego que se solicitó entrevista para hablar de la situación médica en este nosocomio. Sin embargo, el director se negó a ofrecer la entrevista.

 

Documentos archivados no tienen lugar dentro de las oficinas. FOTO: Mario Jiménez

El hospital general es de membrete, un nosocomio de atención regional, pero de acuerdo con los trabajadores, le falta mucho para llegar a ese nivel.

En tanto que los archivos permanecen en cajas sobre el suelo de uno de los accesos al hospital, las personas también montan sus campamentos para acompañar a sus enfermos, pues regresar a sus hogares en las comunidades es imposible, por tiempo y recursos económicos.