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Las elecciones y las lecciones

Al momento de escribir esta entrega las elecciones en el Estado de México, Veracruz, Coahuila y Nayarit, están cerrando las casillas, bueno, con excepción de Nayarit que tiene horario diferente (una hora menos) y como no acostumbro a usar especulaciones prefiero aguardar los resultados de las mismas para opinar sobre las elecciones de los cuatro estados de la República, a pesar de tener un fuerte presagio de alternancia.

Sin embargo, hoy ya es lunes y como las noticias fluyen tan rápido como el viento ya debemos tener resultados de quienes ganaron las preferencias del electorado; de como se desarrolló el proceso de votaciones, que sucesos importantes ocurrieron, cuáles fueron las fallas (si las hubo) de los partidos que contendieron en las cuatro entidades del país.

Como haya sido, en este momento, ya debemos estar enterados de lo ocurrido en el Estado de México, en Coahuila, en Veracruz y en Nayarit.

Hoy los triunfadores y algunos perdedores proclaman sus triunfos electorales como victorias claras e inobjetables. La oposición partidista, segunda y tercera fuerza política, declaran ilegalidad como ilegitimidad. Por su parte, el oficialismo no cambió las practicas electorales de siempre, fueron las mismas técnicas, las tradicionales del abuso de poder, de ilegalidades para allegarse votos; derrochando dinero sin límites. Corrieron ríos de dinero y apoyos gubernamentales sin miramientos.

Si atendemos al pensamiento de Ortega y Gasset cuando afirma: “La salud de las democracias, cualquiera que sea su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico, el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario. “Si el régimen de comicios es acertado, si se ajusta a la realidad, todo va bien; sino, aunque el resto marche óptimamente, todo va mal, ese mísero detalle técnico no lo es tal”.

El proceso electoral tiene una serie de fases que arrancan desde sus actos preparatorios; estructuración de órganos electorales, órgano rector; órganos secundarios y auxiliares; actualización del padrón electoral; seccionamiento de los distritos; reparto del material electoral en base a preceptos técnicos descritos en la ley; conformación de las mesas directivas de casillas, que además reciben el flujo de la información documental.

Una segunda etapa corresponde a la jornada electoral la cual consiste en la instalación de la casilla, desarrollo de la votación; escrutinio y cómputo del voto; estructuración de los expedientes electorales por elección; estructuración del paquete electoral y como acto jurídico, clausura de casilla.

El mísero detalle técnico no termina aquí, ya que se hace necesaria la remisión del paquete electoral al órgano distrital; aquí es donde se inician las etapas posteriores a la jornada electoral consistentes en la integración de resultados preliminares, cómputo municipal, distrital y estatal, para llegar a resultados finales como es la calificación electoral y los recursos de queja ante los órganos electorales jurídicos.

En este complejo proceso los partidos políticos son corresponsables de todos los actos políticos que se hayan hecho durante la jornada electoral y, por lo tanto, todas las organizaciones participantes tienen voz y voto.

En consecuencia, resulta extraño que únicamente después de la presentación de resultados se den los gritos de fraude electoral por parte de algunos inconformes, cuando no es fácil, mas no imposible, alterar cualquier acto o fase en la integración de un proceso regido por un auténtico chaleco de fuerza normativa y en presencia de representantes partidistas.

Sin embargo, en el quehacer político nada es imposible y si se logró hacer maniobras fuera de la ley estas deben ser probadas y duramente sancionadas por el Tribunal Electoral.

Las elecciones recientes, amén de sus resultados, también nos han mostrado algunas lecciones que vale la pena mencionar: dos de los candidatos, la profesora Delfina Gómez hizo campaña haciendo propuestas sin utilizar ofensas, mentiras, acusaciones y condenas contra sus adversarios políticos, lo mismo ocurrió con Juan Zepeda quien hizo una campaña limpia sin insultos y bravatas, lo que enseña que el quehacer político limpio es posible y dignifica a los candidatos.