Carceles con dedicatoria.

En días pasados se le dio amplia difusión a un video filmado y publicado en primera plana por Milenio Diario. La filmación data del año2012 sobre acontecimientos del Penal de Puente Grande, Jalisco.

Lo que vimos y leímos se nos antoja semejante, a cualquiera de las series de televisión que, con éxito, se transmiten por televisión. El video nos muestra una celebración para conmemorar un año del fallecimiento del hijo del capo del cartel Nueva generación,  el Chelo, quien  compartía con seguidores, guardaespaldas y demás reos, brindando con Buchannan’s y chelas, y bailando al ritmo de la banda musical Los Buchones de Culiacan. Ya entrados en calor, empezaron los gritos que en consigna clamaban, ¡Arriba la gente de Jalisco Nueva generación, compa!, celebran los amigos de corazón, otro mas de Don Chelo, o sea, el mero, mero, mandon: Yo aquí hago lo que quiera.

Aunque el video fue divulgado ampliamente, la denuncia no paso a mayores. Como siempre se dejo hacer y se dejo pasar. El poder de Don Chelo fue manifiesto. Hizo lo que quiso hasta el 2015 año en que le fueron quitados  sus privilegios, según declaración reciente del fiscal general de Jalisco, Eduardo Almaguer en respuesta a Carlos Puig de Milenio Diario.

Me llama la atención el porque y después de cuatro años, los hechos se revivan con tanta amplitud. Me queda claro, que la responsabilidad de lo que sucede en las 389 prisiones del país ha sido y es responsabilidad directa e inmediata del Estado mexicano, aunque a decir verdad, desde el 2012 el financiamiento y operación  de varias prisiones se otorgo a varias empresas privadas entre ellas; ICA, Tradeco, GIA, Homex, Prodemex y Arendal. La operatividad incluyo, servicios, alimentos, , limpieza, no el resguardo de reos.

De manera que siendo responsabilidad directa del Estado como poder político concentrado que es, la obligatoriedad recae en los funcionarios designados para desempeñarla y cumplirla. Pero no siempre se cumple con las encomiendas gubernamentales, pues los funcionarios  caen en la tentación del dinero y por ende, de la corrupción. Este caso es clara evidencia de lo que sucede en el sistema carcelario mexicano y en varias de las prisiones que lo conforman.

Asi sucedió en el caso de Puente Grande, ahora tan divulgado y comentado. Los funcionarios responsables fueron tentados, sobornados y corrompidos por el capo Jose Luis Gutiérrez Valencia o Antonio Herrera Ochoa,  apodado el Chelo, o el Ojo de Vidrio, para que le fueran concedidos todos los poderes y facultades de Puente Grande, por eso hizo lo que quiso.

Sin embargo, el revivir aquellos sucesos tiene, obviamente, un objetivo inmediato como  seria el saber como están funcionando las 389 prisiones del país, y como están respondiendo al cumplimiento de sus responsabilidades  los encargados de hacerlo como Renato Sales, Comisionado de Seguridad de la Secretaria de Gobernación, los gobernadores de los estados de la república y, principalmente el responsable de que el sistema de seguridad de todo el país funcione, Miguel Osorio Chong.

Tengamos presente que responsabilidad implica la obligatoriedad de quienes son nombrados para responder y cuidar de las consecuencias de los hechos que lesionan los intereses de los protegidos. Reglas básicas de todo estado de derecho son pues, el cumplimiento de las responsabilidades y el control del poder publico.

En consecuencia, cuando los responsables del cumplimiento de la ley la violan, caen automáticamente en la responsabilidad de los perjuicios en su contra que se imputen, sean estos dependientes, empleados, o funcionarios titulares.

La calificación de la cárcel de Puente Grande, Jalisco, es reprobatoria para la CNDH desde el 2012, debido a la falta de “voluntad política” de las autoridades estatales y federales, y ese estado de cosas no habla, sino de la falta de cumplimiento en la misión confiada por el Estado: el combate frontal a la corrupción.