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Crisis migrante por cierre de albergue en Chahuites

Octavio Vélez

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Un avance de lo que podría convertirse en una crisis humanitaria y migratoria tocó a la puerta de Oaxaca con el cierre temporal del Centro de Orientación del Migrante de Oaxaca (Comi) que alberga, en el municipio de Chahuites, a centroamericanos en tránsito; el albergue en la capital triplicó el alojamiento de migrantes, con el consecuente hacinamiento.

El Comi fue cerrado por unos días por sucesos de violencia en el Istmo, informó el coordinador de ese organismo en la ciudad, el presbítero Fernando Cruz Montes.

El también vicario episcopal urbano de la Arquidiócesis de Antequera, explicó que el albergue fue clausurado por algunos habitantes de Chahuites ante una gresca registrada la noche del jueves pasado, causada por un mara o pandillero, porque supuestamente los migrantes ponen en riesgo su seguridad.

El presbítero Fernando Cruz Montes, coordinador del Comi. FOTO: Deimos Sánchez

De este modo, expuso que los migrantes centroamericanos han preferido extender su viaje a la capital y no ir a Ciudad Ixtepec, para evitar sufrir nuevos actos de violencia.

Ayer el Comi abrigó a 62 migrantes de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, cuando sus instalaciones tienen la capacidad de hospedar a apenas 20 personas.

“Atendemos casi el triple, cada día llegan más hermanos migrantes”, señaló.

Detalló que algunos de los migrantes descansan en el dormitorio, mientras otros en petates en pasillos y hasta en la cocina.

 

“Estamos tratando de dar el apoyo hasta donde se pueda”, anotó.

Cruz Montes indicó que si bien el Comi recibe comida en donación de feligreses de las parroquias de Cristo Rey y San Juan de Dios, resulta insuficiente para atender a los 62 migrantes.

“Nos dan pollo, fruto, verdura y hasta caldos de menudo”, asentó.

Pese a la violencia que afrontan, la mayoría no se detendrá ante la pobreza y el incremento de la violencia en sus países.

“Se les hace ver, pero no se les puede obligar; la migración es como el agua, cuando busca su cauce. Hablé con una mujer que acaba de llegar ‘¿te das cuenta de la situación que existe, del riesgo de robos, secuestros y violaciones?’, sí, me respondió, ‘pero Dios dirá’, porque la situación en mi país es más difícil”, refirió.

De esta manera, destacó que la construcción de un nuevo muro en la frontera no detendrá la migración de mexicanos ni de centroamericanos.

Oaxaca ¿fin del camino?

No obstante, dijo que algunos de los migrantes quienes sufrieron violencia en el albergue de Chahuites quizá se queden en Oaxaca o en algunos otros estados del país, al estar tramitando una visa humanitaria en el Instituto Nacional de Migración (INM).

“Algunos ya están arreglando sus papeles. Algunos se quedarán acá o se irán a Monterrey, Guadalajara o a la Ciudad de México”, indicó.

Ante esta situación, llamó a la solidaridad del pueblo y done agua, alimentos, medicinas, papel sanitario, jabón y otros artículos, para poder dar atención a los migrantes.

“Veamos al migrante como hermano y pongámonos la mano en el corazó, no son delincuentes, vienen por necesidad no por gusto”, terminó.

Cómo fue la riña en Chahuites

“Como encargado del albergue, la noche del jueves hice una reunión para dar las reglas a los que acababan de llegar, algunos eran de Honduras.

En eso, un guatemalteco con muchos tatuajes, como mara o de pandilla, escuchó, pensó que me refería a él, se paró y amenazó con que iba a secuestrar a los demás cuando pasaran por Sonora, ‘allá los espero’, les dijo.

Éramos como 50 y como varios de ellos han sufrido secuestro, se molestaron y los sacaron para golpearlo, intenté controlar la situación, pero no pude.

Un vecino, que ha dicho que cerrara el albergue, presentó la denuncia y nos detienen. Me amenazaron con deportarme, pero hablaron los testigos y voluntarios, y me soltaron, aunque el pueblo cerró el albergue.

FOTO: Deimos Sánchez

Me duele esta situación porque Chahuites servía de descanso porque es largo el camino de Arriaga (Chiapas) a Ciudad Ixtepec”: Elmer Ernesto Cardozo Obregón, migrante guatemalteco, 25 años, encargado del albergue.

«Quién no arriesga, no gana»

“Como soy huérfana desde chica, mi abuela Lucía me dio la bendición al salir, se quedó llorando y me dijo que va a rezar todas las noches para que no me pase nada en el camino. Voy a Estados Unidos con mi pareja Yeison y mi hijo Yadier buscando un bienestar porque allá, en Puerto Cortés, las cosas están duras, no hay trabajo y mucha delincuencia. Quien no arriesga, no gana”: Ingrid Yadira López Sarmiento, migrante hondureña, 20 años.

 

Un sueño como señuelo

“Por necesidad voy a Estados Unidos, con mi esposo y mi hijo. En La Gomera, mi pueblo, departamento de Escuintla, el trabajo no alcanza para vivir. Los que han ido allá arriba han podido hacer su casa y salir adelante; sabemos de los riesgos que uno corre, como asaltos, secuestros o violación. Desde que tenía ocho años, mi madre se fue allá, trabaja en Connecticut; me dice que está reuniendo dinero para mandar por mí, pero así ha estado siempre. Como no me ha llamado, pues nos vamos”: Ana Fabiola Pérez Herrera, migrante guatemalteca, 23 años.

Visa humanitaria, un opción

“Mi mamá está bien enferma y quiero cruzar para comprar sus medicinas porque en mi pueblo, Villa Sandino, la pobreza es exagerada. En Chahuites, estaba trabajando en una empacadora de mango, pero en eso, llegó el señor a amenazarnos de que nos iba a matar a todos cuando cruzáramos Sonora y me vine para acá. Ahora estoy tramitando mi visa humanitaria para quedarme y trabajar en México, si no, seguiré mi camino a Estados Unidos”: Antonio Taleno, migrante nicaragüense, 26 años.