La política del engaño

El pasado miércoles 26, las mandíbulas del presidente Peña se apretaron y las de sus colaboradores no se diga, cuando se enteraron de una más de las mentiras del Presidente estadounidense, pero que en ese momento pareció decisión tomada con impacto en la economía mexicana. De inmediato, la bolsa mexicana de valores resintió la noticia y la moneda mexicana se desplomo hasta alcanzar los 19 pesos con 65 centavos.

Todo este desastre financiero ocurrió en minutos debido a la amenaza externada por el presidente Trump, en el sentido de que Estados Unidos se saldría del Tratado de Libre Comercio.

Rápido y furioso el presidente Peña hizo contacto telefónico con Trudeau, primer ministro canadiense, y al comprobar que ambos estaban en el mismo canal, el Ejecutivo Federal le llamó a su homologo estadounidense. Casi 20 minutos duró la conversación entre los dos mandatarios, concluyéndose que fue una finta de Trump, a fin de presionar al Congreso de su país por todo lo que ha detenido en materia económica. 

Además, comentó que estaba entusiasmado por negociar lo más rápidamente posible para que el TLCAN se modernice y los tres países salgan beneficiados.  Más tarde, una más de sus mentiras fue declarada a los medios: Me llamó el presidente Peña para pedirme “por favor” que Estados Unidos no se salga del TLCAN.

Al respecto, Luis Videgaray, canciller mexicano, declaró en entrevistas que la llamada del presidente Peña había sido terminante en el sentido de que si Estados Unidos se salía del TLCAN, México no tendría nada que hablar ni negociar con Estados Unidos en materia comercial.

Lo anterior refleja la práctica constante de la política del engaño de la cual Trump es un experto jugador que lo hace ver como un croupier de las Vegas y no como un presidente de un gobierno y menos como un jefe de estado, figura de la que está muy lejos de ser, por lo que cuatro años de gobierno no serán suficientes para lograrlo.

La política del engaño es, en esencia, actuación teatral del protagonista y usada para mostrar a los jugadores escenarios falsos, por ejemplo cuando el gobernante aparece colocando coronas de flores en algún monumento histórico o emblemático y el césped siempre luce verde intenso. El público ignora que la noche anterior los trabajadores de mantenimiento del gobierno lo pintaron de ese verde intenso que ayuda a mostrar un escenario espectacular.

Otra más que es anécdota,  cuando el presidente Luis Echeverría acudió al Estado de México a inaugurar los bloques de edificios en Cuautitlán Izcalli, pero hubo un inconveniente para el gobernador Carlos Hank González, los edificios no estaban terminados:

Sucedió que los arquitectos recurrieron a la política del engaño que, en ese caso, salvo el compromiso del profesor y maestro en el arte de parecer, el gobernador Carlos Hank González.

Se trazó el recorrido presidencial por las calles en las que los edificios estaban terminados y se colocaron inmensos espejos para reflejarlos en las calles aledañas y que a lo lejos semejaban conjuntos habitacionales terminados.

Una más, la de Morgenthau: “un grupo de comparsas, vestidos como soldados, dan vueltas alrededor de la escena, desapareciendo tras el escenario, y vuelven una y otra vez, creando así la ilusión de un gran número de hombres marchando”.

 En efecto, los ilusos y los crédulos fueron engañados como sucedió con la ex candidata a la presidencia municipal de las Choapas, Veracruz, pero los más perspicaces, los observadores de fondo no cayeron en el engaño y dieron con la verdad en poco tiempo.

Y eso lo deberían practicar gobernantes de nuestro país, a fin de que cada vez que abra la boca el ilusionista de Washington no le crean y no caigan en pánico. En Canadá, a Trudeau no lo atrapó la presión ni empezó a hacer llamadas telefónicas mostrando sus cartas.

Se debe tener presente que Trump es un jugador, un croupier, brusco en el engaño y rápido extiende la mano, lo que facilita conocer sus mañas de inmediato. Actualmente es difícil encontrar en la escena internacional que haya gobernantes, principalmente en Europa, que crean sus amenazas. Ya saben con quién están tratando.

Muchas y variadas cosas nos falta ver con este señor al frente del gobierno de Estados Unidos, por ejemplo lo que sucederá en el conflicto con Corea del Norte, diferendo en el que participan como principales protagonistas, Trump y Kim Jong-Un, jugadores que  cruzaron la línea de las amenazas al pasar a los desafíos con fuego real de armas de largo alcance y envió del portaviones USS Carl Vinson y su grupo de ataque y submarinos nucleares hacia aguas cercanas a Corea del Norte como muestra del músculo americano.

Sucedió que la política del engaño de Trump, fue mostrada al día siguiente de haber zarpado las naves hacia aguas norcoreanas y más tarde cambiar el rumbo para navegar en sentido contrario. “Es que no era la ruta hacia Corea del Norte”, corrigió el secretario de defensa de Estados Unidos.

La política del engaño tiene éxito en lapsos cortos debido a que el engaño dura poco tiempo. La farsa se descubre rápidamente, sobre todo, cuando las comunicaciones son inmediatas y, en consecuencia, depende de la habilidad y capacidad de quienes la practican de mantener indefinidamente el engaño. Pero eso no lo puede garantizar ni el estadista más completo. A Trump, por ejemplo, sus mentiras le duran poco tiempo, casi de inmediato corrige y eso desgasta la credibilidad del gobernante y de las instituciones que están bajo su mando.