El Escape

Seis meses a salto de mata, escapando de los sabuesos avisados en ciento 50 países, a través de la Interpol, Javier Duarte de Ochoa, finalmente decidió terminar con su escape al estar cierto que no había mas destino que le garantizara la libertad y el consecuente disfrute de la riqueza robada al lado de Karime su esposa, debido a que las condiciones políticas que en un principio lo beneficiaron,  cambiaron al aproximarse las elecciones en el Estado de México, y el próximo año las federales para elegir al que será presidente (a) de la república,(a) los que serán candidatos a formar el senado, la cámara de diputados, las presidencias municipales, las delegaciones de la Ciudad de México, en fin, todas las representaciones populares que requieren el favor del voto ciudadano.

Todo un paquete político- electoral el cual exige la mejor imagen de los partidos que abran de contender. De manera que “los perseguidos” por la ley implican pesada carga para esas instituciones políticas por lo que hay necesidad de disminuirla, por eso de los votos- usted sabe-.

En consecuencia, no extrañan las condenas de los dirigentes partidistas contra “los perseguidos” que en tiempos idos fueron sus comparsas de “maletín” para ayudarlos a llegar a los cargos que ahora desempeñan, solo que ahora ya no hay memoria de aquellos favores recibidos. No obstante, esta acción escapista que de pronto cambio ,todavía no se cierra, pues Duarte estuvo prófugo por seis meses y Yarrington varios años sin ser molestado y que como el Padrino, hacia sus negocios con la mafia calabresa en Italia, y hasta con escolta pagada por el gobierno de Tamaulipas.

Muchas cosas ocurrirán,  muchas habremos de saber por haberse destapado la cloaca que, por mucho tiempo, estuvo sellada pero la porquería se acumulo en tal forma que volo la tapa de la alcantarilla y la peste se esparció y nos asfixio.

Varias cosas podemos sacar de todo este sistema de corrupción, una de ellas es el estar seguros de a quienes vamos a elegir para que sean los próximos gobernantes de México pues hemos llegado al limite de la tolerancia que una nación puede soportar, toda vez que nos hemos convertido en un país corrupto en el que unos roban y otros lo permitimos.