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Coyotepec, invisible para autoridades y turistas

Yuri Sosa

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San Bartolo Coyotepec. – Entre las manos de Lorena Pérez nace una pieza de barro tallada con paciencia y amor. Sentada frente a su puesto de artesanías, la mujer se inspira mientras la ausencia de visitantes se hace más grande conforme fenece el periodo vacacional.

Desde hace 15 años, ella y más de un centenar de artesanos del barro negro se establecieron en la Plaza de las Artesanías, un lugar alterno al mercado principal y levantado con casetas de madera, lámina y carrizo. Aquí carecen de publicidad y proyectos de infraestructura que les permita contar con locales de concreto.

Los artesanos de este espacio también son oriundos de este localidad y con más de tres generaciones de permanecer en el oficio de la alfarería, sin embargo, ante los ojos de las autoridades estatales son invisibles.

Contar con un espacio que brinde una mejor imagen y condiciones para ellos es el sueño de los residentes de este plaza que nació ante la necesidad de tener un lugar para vender, pues el mercado principal –que se ubica al paso de la carretera federal 175– sólo fue diseñado para albergar a 14 artesanos.

Sin turistas, sin apoyo

En mercado alterno de Coyotepec, los artesanos esperan a los visitantes. FOTO: Emilio Morales Pacheco

Sobre la calle de Iturbide, a unos 100 metros de la carretera federal, del lado opuesto al mercado principal instalado en la plaza central del municipio, 110 alfareros erigieron un nuevo mercado de artesanías. Al que tienen casi nadie llega nunca, a pesar de contar con infinidad de artesanías.

En este espacio, que es un terreno comunal de media hectárea aproximadamente, Laura Pérez ha pasado hasta una semana sin venta. “100 o 200 pesos, si mucho, es la ganancia de una semana”, comenta la artesana.

Contrario a las cifras récord que reportó la Secretaría de Turismo del estado sobre la presencia de vacacionistas en la capital y los destinos de playa, los visitantes no llegaron a esta plaza.

Una lona colocada por los propios locatarios sobre la calle que conduce a este lugar es la única publicidad que los da a conocer.

El amor por esta plaza es notorio, pues a pesar de ser casi un sitio improvisado, con pisos de tierra, está perfectamente cuidado. Papel picado de colores expresan alegría; casetas pintadas, bien construidas de lámina, dan cuenta de la preocupación por conservar su patrimonio.

Plaza de artesanías

15 años de existir

110 artesanos

Cuentan con todos los servicios, hasta área de comedores

Mercado central

14 artesanos

 

Pocos son los “despistados” turistas que llegan a esta plaza, a la que sólo le faltan muros de concreto y pisos firmes, pues cuentan con drenaje, agua potable y energía eléctrica.

En la semana que transcurrió sólo dos grupos de visitantes llegaron, y como es tradición, se les realizó una muestra sobre la elaboración de las piezas en la galera que construyeron especialmente para actividades importantes.

El artesano Álvaro Ortiz refiere que “sólo recibimos promesas, pero nunca tenemos nada. Lo que aquí ve es lo que con esfuerzo de nosotros mismos hemos hecho”.

A más de tres autoridades municipales y al Gobierno estatal anterior le propusieron realizar un andador turístico que conecte las dos plazas de artesanos con los talleres más grandes de la localidad.

“No hemos tenido respuesta a nada. Ojalá que el nuevo gobernador sí nos de apoyo”, indica este artesano, quien nunca ha participado en una expo artesanal en la capital del estado organizada por el Instituto Oaxaqueño de las Artesanías.

Frustrada porque no reciben apoyos, Laura lanza la pregunta de los ignorados: “¿Qué quieren, que bloqueemos calles? Nosotros somos gente que nomás sabe trabajar; pacífica, que no buscamos problemas”.

Seguimos la tradición

FOTO: Emilio Morales Pacheco

Conforme pasan los años, los artesanos de la Plaza de las Artesanías tienen cada vez más claro que la alfarería ya no es un negocio rentable para vivir, pero prevalecen en éste por amor al arte.

En sus manos, apuntan, está que este oficio no se pierda en San Bartolo Coyotepec, por eso a pesar de todo enseñan a sus hijos a trabajar el barro, quienes están obligados a transmitir esta forma de vida a su descendencia.

Para poder sobrevivir y mantener a sus familias, los hombres y mujeres de la plaza tiene trabajos adicionales que les permiten continuar con las artesanías.

Además de artesanos, también son plomeros, electricistas, tortilleras y albañiles, entre otros oficios.

Esperaban más

Álvaro Ortiz tiene toda la vida dedicada al barro negro y nunca ha participado en una expo en la capital. FOTO: Emilio Morales Pacheco

A la par que el resto de la estructura que alojó la expo venta artesanal en el parque de la localidad se levantaba, una docena de artesanos más iniciaba su jornada laboral desde el mercado principal de la población, listos para recibir a los visitantes.

“No fue lo que esperaba, vino poco, casi no hubo venta”, comenta Carlos León respecto al arribo de turistas durante la semana pasada, del presente periodo vacacional.

Carlos, quien forma parte de la tercera generación de artesanos en su familia y en la localidad, apunta que lo que más se vendió fueron piezas de 15 y 30 pesos, que al final de un buen día de ventas resultan 200 pesos.

La impresión para Alfonso Avendaño sobre la presencia de turistas es la misma. Mientras lamenta la situación que atraviesan los artesanos, la suerte llega y logra vender un par de aretes de 50 pesos para comenzar su día de trabajo.

“No ganamos nada con mentir, la verdad es que no nos fue tan bien como esperábamos, las ventas estuvieron bajas”, enfatiza el hombre desde uno de los 14 locales de este mercado.

Historia de inclemencias

Los artesanos que se albergan en el mercado central, son quienes desde el año 1975 comenzaron con la venta de artesanías al aire libre; tolerar lluvias, calores, pero sobre todo, temporadas bajas de ventas, los hizo acreedores a que años después les construyeran un mercado.

De entre 50 a 70 artesanos que comenzaron, sólo 14 permanecieron.

Cada pieza guarda en su interior una historia digna de ser escuchada. FOTO: Emilio Morales Pacheco