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De CU al PRI; del Goya a la Matraca

En la primera clase impartida en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, el maestro iniciaba el curso diciendo: “La ciencia política no es una actividad de ángeles y querubines.” Es un quehacer humano que, en ocasiones, no es limpio y si bastante sucio, hasta el límite de la nausea, en tal caso hay que vomitar para no enfermarse.

Una vez que los diferendos y batallas terminan y es hora de regresar a casa, abrazar y besar a la familia para sentirse humano, lo primero en hacer es bañarse para quitar del cuerpo toda mancha; sin dejar huella de ese quehacer político en el que el bien y el mal no existen porque están en el cielo, o son del dominio de Dios.

En política lo que cuenta es lo positivo y lo negativo, nada más y nada menos. De manera que, quienes estén dispuestos a correr los riesgos y retos en el estudio de la política, pueden quedarse en esta clase, los que no estén de acuerdo, marcharse les hará bien; termina diciendo el maestro en su introducción.

Pasa el tiempo y la teoría y la práctica de la ciencia política en México y en el mundo, nos prueban que el maestro universitario tenia razón al advertirnos acerca de esa ciencia contemporánea a la que Nicolás Maquiavelo le dio vida e historia para que, a través del tiempo, pudiéramos saber, estudiar, investigar, escribir y enseñar cómo y hasta con la mentira, la intriga y el engaño es posible, para los tiranos, gobernar sin reparo alguno.

Lo anterior viene al caso porque en los últimos días estos tres elementos se han estado utilizando con frecuencia por los actores políticos del presente. Unos a otros se dicen verdades que no lo son y mentiras que son verdades, aunque lastimen, pero eso importa poco.

El insulto, la grosería, lo soez, son parte del fuego de artillería utilizado por los líderes políticos para abrir el combate en el que estará en juego todo lo que un partido político puede perder o ganar, ese todo se llama poder.

Matraquero”, le dijo López Obrador a un José Narro Robles, ahora convertido en Secretario de Salud del gobierno de Federal, lo que no tendría mayor importancia ya que se trata de una labor en la cual puede aplicar su experiencia de médico, y continuar sirviendo y trabajando para el país.

Sin embargo, hay algo que no cuadra con los movimientos políticos ejecutados por José Narro que provocaron el que López Obrador lo calificara de “matraquero” (personajes de la CTM y de la CNOP) que son “acarreados” a los mítines del PRI para hacer ruido, precisamente, con una matraca.

Recordemos que José Narro Robles fue Rector de la UNAM por ocho años; su labor fue destacada y respetable porque supo navegar en mares picados y revueltos. Como rector fue sumando puntos que aumentaron su prestigio al grado de que opinaba de todo y por todo. Era evidente que deseaba ser escuchado y lo logró. Su opinión era respetada porque era el Rector de la UNAM, lugar donde se aprenden las ciencias.

El prestigio, ganado con entrega absoluta a la labor académica, fue indiscutible por lo que pudo realizar una sucesión tranquila y adecuada. Pero, ese prestigio había que cuidarlo; prestigio que, en ocasiones, es costoso y caro porque requiere enormes esfuerzos y sacrificios, incluso, para evitar tentaciones que, en su momento, nos parecen maravillosas debido a que se desearon alcanzar siempre. Sin embargo, el prestigio obliga, en ocasiones, a renunciar a la oportunidad ofrecida.

José Narro fue tentado por el poder gubernamental, tal vez vio la oportunidad de alcanzar el grado más alto que un mexicano puede aspirar en la administración pública, y no se resistió a la tentación y aceptó la invitación para ocupar una secretaria en el gabinete presidencial; a un paso de la presidencia de la república. Oportunidad como esta no la volvería a tener jamás, ahora o nunca y, aceptó.

El prestigio de haber servido a la UNAM quedo atrás, una nueva etapa se abrió en su vida pública, por lo que aceptó caminar en la porquería que en ocasiones salpica, como le sucedió al nuevo Secretario de Salud al haber sido convocado para ser orador único en el PRI con motivo del aniversario luctuoso de Luis Donaldo Colosio; quien murió asesinado por decisión de sus compañeros priistas que controlaban el poder en México.

Sin dudarlo, olvidando el pasado universitario que lo hizo respetable, Narro se atrevió a cruzar el rubicón y nadar en ese mar partidista que causa nausea y la muerte cuando es necesaria, como sucedió aquella tarde en Lomas Taurinas.

Tal vez, confiando que al llegar a casa un buen baño lo dejaría limpio Narro no dudó en aceptar ya que era un sueño largamente acariciado. No obstante, el ruido del matraqueo causado en la sede del PRI por el Secretario de Salud y priista destacado, todavía suena y López Obrador se encarga de que no se olvide que de CU a la sede del PRI solo hay un trecho de porquería.