La brújula no funciona

Basto que Donald Trump se plegara al script, lo leyera y no pronunciara ocurrencias ni desatinos para que las loas, aplausos y opiniones de los comentaristas se pronunciaran a favor a pesar de que hace unos días sus criticas fueron vitriolocas. Al igual que el mandatario, algunos amarillistas cambian de opinión según sopla el viento.

El histrionismo del empresario, es cierto, fue extraordinario, sus poses, su imagen retadora hacia la asistencia legislativa, su mirada hacia los invitados especiales, sus movimientos con el mejor perfil, el espacio que dejaba correr con las frases que encienden a la masa y provocan el aplauso. Hacer muchas sentadillas, pareció advertirles el empresario republicano a los congresistas republicanos cuando arengara el espíritu americano, en tanto, los legisladores demócratas guardaban silencio sin levantarse.

El discurso presidencial en el Capitolio, reflejo lo que sucede afuera del Capitolio, un país dividido cuyo gobierno   no encuentra el norte de la brújula debido a que no hay, hasta ahora, un programa de gobierno plenamente definido; no hay una administración completa al faltar miles de cargos  por ocupar; y, sobre todo, la ausencia de congruencia de las líneas políticas a seguir frente al resto del mundo.

Congruencia, porque en la geopolítica todo cuenta, hasta un kilómetro de terreno es importante como dijo, durante su visita a México,  Josip Broz “Tito”, Mariscal de Yugoslavia (Croacia) “Si Yugoslavia tuviera un kilómetro de frontera con Estados Unidos, nuestra realidad seria diferente.

El gobernante, considerado padre de la antigua Yugoslavia, de ahí el mote de “Tito”, sabia el porque de su afirmación, pues la geopolítica es la herramienta superior cuando se sabe emplear, manejarla y equilibrarla, a fin de que, aun no teniendo la fuerza militar capaz de hacer frente a grandes desafíos, sea ella, la geopolítica, la que sustituya el desequilibrio.

Cuba supo utilizarla para hacer frente a las presiones de Estados Unidos. Como isla abierta a los océanos caribeños jugo vencidas con el gigante que, desde la Florida, lanzo el asalto a la Bahía de Cochinos, o cuando Cuba jugo su posición geográfica aliandose con la Unión Soviética para hacer frente a los Estados Unidos con el riesgo de una Tercera Guerra Mundial con la llamada Crisis de los Misiles.

Cierto es que las negociaciones entre Nikita Jruschev y John F. Kennedy, mandatarios de la Unión Soviética y Estados Unidos, respectivamente, acordaron el regreso de los cohetes nucleares que transportaban los barcos soviéticos a Cuba, aun con el enojo de Fidel Castro. Pero lo importante de ese conflicto fue el que “pasar de la raya” puede traer consecuencias políticas graves, como sucedió  aquella ocasión en el que la humanidad estuvo en peligro de morir en una guerra nuclear.

El costo por defender la soberanía y la dignidad de Cuba ha sido muy alto, tremendamente costoso, pero Cuba no volvió a ser el burdel de los estadounidenses.

Mucho se perdió con ese enfrentamiento, Cuba VS Estados Unidos, ambos países perdieron grandes negocios por haber desaprovechado las vías que brinda la convivencia pacifica y el respeto a la soberanía e igualdad de las naciones.

En consecuencia, ignorar lo que significa la geopolítica provoca que la convivencia sea ambigua; un día si otro no. Eso impide explicarnos el como ha sido posible que, a unos días de que Trump haya tomado posición de su cargo, dispare su nacionalismo exacerbado lanzando amenazas de todo tipo contra su vecino del sur. ¡Increíble!.

Es como si usted se muda de casa, ocupa su nuevo hogar y ¿Qué pasa? Pues lo primero tocar la puerta de su vecino y llenarlo de improperios y amenazarlo con construir una barda para no verlo.

Y hablando de bardas, el empresario, que ya hizo de la Oficina Oval una suite de las Vegas, cortinas doradas y toda la cosa; únicamente ha reunido 20 millones de dólares para una barda que tendría un costo de 20 mil millones de dólares. Hay que agregar la ultima pifia causada por el senador extremista y homofobo, Fiscal General Jefferson Beauregard Session III, quien le mintió al Senado negando haber hablado con los rusos cuando todavía no ocupaba un cargo oficial. Por mentiroso un Fiscal General en Estados Unidos no puede ni debe ejercer el encargo.