Foros contra el Fascismo

Está bien marchar, protestar contra lo que está equivocado, o aquello que amenaza las libertades y las democracias. Lanzar al viento nuestros reclamos y corajes exigiendo justicia y respeto a los derechos humanos es deber cívico de los pueblos. Hacerlo cuando las cosas de gobierno no marchan como debieran, o cuando algo ocurre en el mundo que amenaza a las naciones como son las guerras, las tiranías y el renacimiento de ideologías totalitarias, como el fascismo y el nazismo, el comunismo y el imperialismo capitalista, que propiciaron dos guerras mundiales; la guerra cruenta de Vietnam; la de Corea, las de Irak, la de Afganistán y las más recientes, Irán, Siria y el terrorismo islámico del ISIS.

Ante estos hechos, las manifestaciones y protestas se multiplicaron por todo el mundo, incluso, todavía se recuerdan las marchas estudiantiles de 1968, surgidas en Alemania y Francia con repercusiones impresionantes en México, Estados Unidos y varios países de Latinoamérica en protesta contra los endurecimientos gubernamentales.

Más libertades y voz a las generaciones jóvenes, mas apertura política para las nuevas generaciones fueron las exigencias estudiantiles; y vaya que se lograron los objetivos demandados por las masas juveniles encabezadas por liderazgos frescos. Una de las últimas marchas de gran impacto, fue la convocada durante el régimen de López Obrador, en la que se congregaron un millón de personas vestidas de blanco protestando contra la violencia y, aunque fueron calificados de pirrurris, y no hubo respuesta del gobernante citadino, la marcha fue un éxito cívico.

La marcha del pasado domingo fue diferente, los protagonismos de las señoras convocantes hizo daño, y a pesar de que varias instituciones académicas acudieron con sus representaciones, las masas fueron reducidas a no más de 20 mil personas en una ciudad que aglutina a más de 20 millones de personas; 20 mil que marcharon sin el ánimo de otros tiempos. Más protagonismos, selfies y repudio al presidente Peña por parte de grupos muy localizados, que contenido cívico.

No obstante, estuvo bien el primer intento que debe crecer por la realidad que vivimos frente a un gobierno vecino que cada día endurece el trato contra México; contra los indocumentados y las deportaciones violentas que son evidencias de la actitud fascista del gobierno estadounidense.

La deportación de Lupita García, residente en el estado de Arizona por más de 18 años, quien acudió a las oficinas migratorias para renovar su permiso de trabajo, con sorpresa y pánico se encontró con un inusitado arresto y posterior deportación, dejando a hijos y esposo abandonados sin que derecho humano alguno pudiera protegerla.

Estos actos de odio aumentan cada día, y son motivos para que los mexicanos iniciemos acciones más efectivas que las marchas desangeladas. Además, hay que entender que los habitantes de la Ciudad de México, si de algo están hartos, es precisamente de las manifestaciones masivas de la CNTE, de los partidos políticos y organizaciones chantajistas.

Creo que es momento de hacer foros de alto nivel académico e intelectual para que se delibere en voz alta como lo fue el Foro de Phoenix; un acierto que debe continuar, principalmente en los espacios universitarios como aquellos cuando el Auditorio de Ciencias, en Ciudad Universitaria, se vestía de lujo invitando a conferencistas de la talla de Pablo Neruda, o la Cámara de Diputados a Salvador Allende.

Es momento de que el mundo escuche y conozca de viva voz lo que está ocurriendo, a través de los que han dedicado sus capacidades intelectuales en favor de la paz, de la democracia y la libertad. Es hora de las universidades, de los conferencistas, de los estadistas y de su participación en los foros universitarios que son cuna de las ideas y de la inteligencia.

Es por ello, que no concuerdo con aquellos que comentan que México es débil frente a Estados Unidos. Hay que recordar que las batallas no solo se ganan con el uso de las armas. Mahatma Gandhi demostró que el uso de la inteligencia y la no violencia fueron herramientas suficientes para alterar el establishment político e ideológico del orbe.

Otro ejemplo fue, Nelson Mandela, primer presidente de raza negra de 1994 – 99, quien desmontó la estructura racista del Apartheid en Sudáfrica, montada por Inglaterra, combatiendo la pobreza, la desigualdad social y el racismo. Prisionero por 27 años, Mandela llegó a ser premio Nobel de la Paz, ganó la medalla presidencial de la Libertad y el premio Lenin de la Paz, sin tener la fuerza bélica de la Gran Bretaña.