Globalización, libre competencia y gasolinazo

Durante el Siglo XX el mundo vivió cambios inauditos en lo económico, en lo político y en lo social, incluso, el rumbo de la historia universal se tornó diferente al finalizar la Guerra Fría, la cual dividió al mundo en dos: la Unión Soviética y Estados Unidos.

Alemania se reunificó al caer el Muro de Berlín; la Unión Soviética dejo de serlo para transformarse en Rusia, flexibilizando la dureza del régimen merced a dirigentes como Mijaíl Gorbachov y Borís Yeltsin; a la Perestroika y al Glásnost. Solo Corea del Norte y China se mantuvieron bajo el sistema comunista; Cuba igualmente, aunque aislada por un bloqueo económico que hasta la fecha no se termina del todo, a pesar de la reanudación de relaciones diplomáticas construidas por los hermanos Castro, el Papa Francisco y el presidente Barack Obama.

Estos cambios permitieron que las barreras y muros construidos por las potencias cayeran para dar paso a lo que ahora conocemos por globalización económica, la cual implica la integración de países, regiones, economías, mercados, culturas, costumbres, dietas alimenticias, nuevas tecnologías, internet, televisión mundial al instante, telefonía celular y todo lo que a diario usamos y que nos permite comunicarnos al instante al sitio mas recóndito del planeta.

Cambios globales que permitieron el que millones de personas se integraran a los nuevos mercados, ya sea como consumidores o productores de grandes, medianas y pequeñas empresas. Con todo esto nuestro mundo creció, pero en el tiempo se redujo, por eso hoy todo nos parece muy rápido.

El mundo global es una realidad, llegó para quedarse, no hay marcha atrás y con la globalización llegó la libre competencia que permite ser mejores en calidad y precio para vender más que el de enfrente, a condición de que lo que yo oferto sea mejor en todos sentidos, esa es la condición del éxito en el juego de la libre competencia.

De manera que sería un absurdo ir en contra de esta realidad como es la globalización porque sencillamente el mundo es mejor que antes. Sin embargo, el sistema global está lejos de operar en equilibrio, que sería lo deseado, pero no ocurre porque la globalización económica beneficia a los inversionistas, a los productores, a las grandes empresas, al mundo financiero, a los capitalistas poderosos, pero no a la última escala del mercado que es la masa consumidora, creando con ello, una enorme desproporción.

Es el caso del llamado “gasolinazo”, aunque las autoridades hacendarias declaren que no habrá impacto en los precios de los productos de la canasta básica -ya los hay- puesto que la carga de los nuevos precios de las gasolinas se proyectaron para que se carguen al consumidor final. Por eso, el “gasolinazo” es perverso pues afecta a los que menos tienen e inquieta más, porque el gobierno engañó a la gran masa de la nación ocultando la verdad disfrazando alzas que dispararan los precios de todo.

De igual manera, la libre competencia es el camino más adecuado de las economías globales ya que permite el ingreso de más actores a los mercados de precios abiertos y, consecuentemente, al precio final y el que más convenga al consumidor. Pero lo que no cuadra en la libre competencia es que el propio gobierno fije componentes de impuestos inadecuados y desproporcionados como es el caso del 40% agregado al precio de las gasolinas y diesel. Por eso las protestas y acusaciones de ladrón al gobierno del presidente Peña. Esas no deben ser las reglas del juego en mundo global y de la libre competencia.

Off the record: Regresó “Don Tenebrae” al gabinete presidencial, ahora con el cargo de canciller para tender los puentes con el gobierno de “Goliat”. Haber que dislate, zaragata o batahola ocasiona el que sugirió invitar a Donald Trump a México. María Cristina García Cepeda deja Bellas Artes y ocupa la joven Secretaria de Cultura. Hablando de Trump, vaya golpe que le atizó a la Ford Motor Company, y, de paso, al gobierno mexicano. La Ford fue amenazada con imponerle un súper impuesto si insistían en construir una planta armadora en San Luis Potosí, con inversión de 1,600 millones de dólares. Tuvieron que cancelar y la cantidad de dinero se utilizará para la expansión de la planta en Flat Rock, Michigan. Esto sucede por ser un país dependiente y no interdependiente.

Frente a Donald Trump, lo que queda hacer es no dejarse faltar al respeto. “Los estadounidenses hacen a un lado a quienes no se hacen respetar. Así lo viví cuando hice frente al trato de Ronald Reagan, pero no permití que me faltara al respeto, ni a mí, ni a España”, afirmó Felipe González, ex presidente de España, durante la entrevista con Leonardo Curzio.

Extraño el silencio de Cuauhtémoc Cárdenas en torno al gasolinazo.