La Suprema Corte de Justicia y los Poderes Fácticos

En los últimos días, el Poder Judicial de la Federación ha estado en continuo movimiento, más de lo usual diría yo. Por ejemplo, la semana pasada la Suprema Corte de Justicia de la Nación le enmendó la plana a tres Congresos Locales, a fin de que no dictaran leyes a modo y acomodo en lo que se refiere a la Reforma Educativa; los estados fueron el de Baja California, el de Zacatecas, el de Oaxaca, y el pasado lunes el de Michoacán; entidades que no tuvieron más alternativa jurídica que obedecer lo que la ley ordena: ¡Cumplirla porque es La Ley!

Este cumplimiento que la Suprema Corte ordenó acatar ha dado ya resultados; por ejemplo, la Reforma Educativa avanza a pesar de los que se oponen a todo y buscan imponer el caos para lograr beneficios de grupo o personales. De esta forma, el Poder Judicial actúa dejando atrás ese letargo en el que había caído por años y años. Siempre adormecido y despertando solo para cumplir las órdenes presidenciales. Así sucedió sexenio tras sexenio del “Ancien Regime,” en el cual la aplicación de la ley dependía de la voluntad del Tlatoani en turno que imponía, casi siempre, su voluntad o la ley del péndulo; la ley que beneficie y convenga al que la aplique o la consiga a su favor a fin de poder gozar de todos los beneficios imaginados.

Existen paradigmas de cómo en México, y en muchos otros países, la ley y la justicia se compran a pesar de los esfuerzos de las sociedades por erradicar la corrupción gubernamental. Sin embargo, no todo está perdido, por el contrario, hay integrantes del Poder Judicial que no se dejan vencer a pesar de las difíciles etapas que últimamente se viven dentro de la Corte debido a que las prácticas corruptas no se acaban, toda vez que la corrupción ha dejado estragos profundos al haber contaminado a varios de sus integrantes, llámense jueces, ministros, agentes ministeriales, etc. Es por ello que, ahora mismo, se está dando una batalla bastante interesante en el seno del Poder Judicial, les cuento:

Varios son los integrantes del Poder Judicial que observan como la inconformidad va creciendo debido a las imposiciones que en el México de hoy ya no tienen lugar. Me refiero a que el Poder Ejecutivo intenta imponer ministros en la Suprema Corte en los próximos cargos que dejarán vacantes la Ministra Olga Sánchez Cordero y el Ministro Juan Silva Meza; como si la división de poderes no existiera. Se habla y se escribe en los medios de comunicación que desde la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República, a cargo de Humberto Castillejos Cervantes, se está apoyando la postulación del Ex-Senador Raúl Cervantes Andrade, quien por cierto, es primo hermano del titular de la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República motivo por el cual aumenta la inconformidad entre los integrantes de la Corte, debido a que el legislador no cumple con los requisitos para aspirar a ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de imponerlo, como se pretende, estaríamos, nuevamente, frente a hechos claros de nepotismo y conflicto de interés, además de otro escándalo para el Ejecutivo que en nada conviene.

Montesquieu, siendo aun muy joven, escribió que al salir del colegio le pusieron en sus manos los libros de derecho… “yo busque en ellos su espíritu”. Émile Littré en su diccionario, define la palabra espíritu como: principios, motivos, impulsos, tendencias, etc. Si estas definiciones las colocáramos en el contenido de la obra de Montesquieu, El Espíritu de las Leyes, obviamente nos preguntaríamos: ¿porque no en todas partes se aplica y se interpreta la ley igualmente o como lo dicta la Ley Suprema a través del Poder Judicial? ¿“Porque, siendo todas las demás cosas iguales, tal ley es eficaz y la otra no lo es? “Hay cuestiones que carecen de respuesta si no se admite que hay, precisamente, un Espíritu de las Leyes”. Por lo que se entiende que el legislador debe obedecer a principios, a motivos, a tendencias, a directrices, de las que la ley, el orden y la razón deben ser las bases para que la inteligencia y la honestidad de los miembros del Poder Judicial y del Poder Legislativo sean capaces de desenmarañar el caos aparente de las legislaciones que, en el tiempo y en el espacio, han regido o rigen las sociedades.

Así parece haber sucedido en Oaxaca cuando la Constitución Federal, la Constitución Local y las inconformidades de la comunidad no se ejecutaron, a efecto de respetar la ley. Todo lo contrario, las constituciones, federal y local, fueron echadas a un lado con objeto de validar lo que es inválido; legalizar lo que es ilegal; validar lo antidemocrático sobre el interés general, e imponer las obsesiones compulsivas de los cacicazgos; la de los necios, la de los enfermos de obsesión de volver a ser lo que fueron. Estas constituciones, la local y federal, se violentaron sin respeto alguno por los legisladores que impusieron el desorden en el orden manipulando las leyes a modo. Así, sin más ni más. Como si la Constitución Federal no existiera. Hoy, la Suprema Corte de Justicia de la Nación tiene la palabra en el caso Oaxaca.

No se necesita ser un docto en derecho para darse cuenta que tal modificación a la Ley Local conlleva dedicatoria especial, a fin de favorecer a particulares y grupos, por lo que las protestas no se han hecho esperar con desplegados en los diarios nacionales. Adicionemos un elemento, que debido a la actividad desplegada por el Poder Judicial de la Federación, llama todavía más la atención, me explico: un Velo de Penélope parece tejerse tanto en el nepotismo que se intenta aplicar en el nombramiento de los dos próximos ministros de la Suprema corte de Justicia, como en el nepotismo que se intenta imponer en Oaxaca. Finalmente, la pelota está ahora en la cancha de la Suprema Corte de Justicia. Si el criterio de justicia “llego para quedarse”, seguramente aplicará la Constitución Federal sobre los intereses legislativos locales como lo hizo en días pasados en Baja California, Zacatecas, Oaxaca y últimamente en Michoacán.