Drama y Miseria de los Jornaleros

Hace ya casi 50 años que se empezó a enfrentar el drama y miseria de los jornaleros en México, concretamente en el Valle de Culiacán, Sinaloa; al igual que en Morelos, en Sonora y otras entidades de menor población migrante. Pero, Sinaloa es el estado que más trabajadores agrícolas recibe, los cuales se encargan de la siembra, la cosecha, la recolección y la preparación de productos del campo.

Es tan importante la producción agrícola en Sinaloa, que la vista no es suficiente para contemplar la inmensidad de los campos agrícolas del Valle de Culiacán, motivo por el cual el trabajo abunda y es el imán que atrae a miles de familias de jornaleros para sembrar y recolectar las miles de hectáreas sembradas de pepinillos, berenjena, chile, tomate, calabaza, etc.

La riqueza en este Valle es inmensa y la poseen unas cuantas familias sinaloenses: Los Canelos, Triforas, los Carrillo, Demerites, Ávila Ritz Ríos, Tamayo, Gallardo, Rodarte Paredes, principalmente. Solo ellos, se reparten las millonarias ganancias que la tierra y los jornaleros producen. Estos trabajadores, en contraste con tanta opulencia, “viven” en condiciones miserables, patéticas y vergonzantes que pueda imaginar el ser humano.

Sinaloa recibe un promedio de 100 mil trabajadores provenientes de otros estados de la república. Se calcula que cada uno de los trabajadores llega acompañado por dos personas mínimo, por lo que en promedio se estima que la población flotante que recibe el estado es de 350 mil personas por año que demandan bienes de consumo y servicios públicos, pero que nunca reciben. Por el contrario, sus “casas”, por llamarla de alguna forma son, en Sinaloa, muros y techos de lámina galvanizada y de cartón; 58 campos no tienen ningún servicio, disponiendo de agua solo del canal; el resto cuenta con 543 tomas. Existe un sanitario por cada 259 emigrantes, un lavadero por cada 242 y una regadera por cada 358.

La educación para los hijos de los jornaleros casi no existe, la SEDESOL no ha logrado cubrir este necesario renglón social; la UNICEF tampoco ha logrado satisfacer esta urgente necesidad. Por lo que se refiere al abasto de los bienes de consumo, los jornaleros los realizan en tiendas con precios superiores al promedio nacional; las condiciones de salud son deplorables y no están afiliados al Seguro Social ya que por ser trabajadores temporales, se les priva de todos los derechos que establece la Ley Federal del Trabajo como incapacidades por enfermedad, prestaciones como vacaciones, aguinaldo, etc., y por si fuera poco el drama, los jornaleros están obligados a afiliarse a la CTM a la que le pagan una cuota sindical a la semana sin recibir nada a cambio, solo el permiso de poder trabajar.

Otros datos arrojan que un 44.9% de las familias jornaleras en las que los menores de edad también tienen que trabajar, son indígenas apartados totalmente de su cultura, lenguaje y costumbres. Esta situación se ha venido agravando, toda vez que hace unos días, las autoridades “descubrieron” la inhumana situación de los jornaleros en Baja California Sur por lo que tuvieron que rescatar a 200 de jornaleros tarahumaras de un campo agrícola del Municipio de Comondu, B. C. Sur del cual huyeron por ser explotados y amenazados por los patrones. Vivian en divisiones de cortinas de plástico que ellos mismo colocaron para protegerse del frio y del sol. El piso era el lodo y basura en donde se encontraban hacinados cien trabajadores; hombres, mujeres y niños en chozas provisionales elaboradas de ramas, hules y costales, con poco agua y baños sucios.

Por todas estas “irregularidades” la Dirección General de Inspección decretó la restricción de operaciones en el campo agrícola propiedad de la empresa “El cerezo”, solicitándose, además, la intervención de la C.E.D.H. para que inicie investigaciones.

Ante esta realidad que provoca nauseas, la carretera transpeninsular fue bloqueada por 800 jornaleros agrícolas en protesta por las condiciones laborales en que se encontraban los tarahumaras que fueron trasladados al “Cerezo” con engaños y en condiciones de “esclavos”.

Anunciaron que propondrán se les pague un salario de 30 pesos por cada caja de fresa pizcada de lunes a viernes -desde hace 14 años se paga hasta en 12 pesos-, de 8 pesos por cada cubeta de tomate y de 17 pesos la jarra de mora, a fin de que la convivencia entre trabajadores y patrones sea positiva.

Así, el drama y miseria de los jornaleros se dispara una vez más ante una opinión pública que asombrada contempla como ha pasado el tiempo, las décadas se acumulan en tanto las autoridades declaran y colocan el “curita” a una herida que lleva ahí, abierta todo el tiempo; recuérdese, precisamente, a los yaquis que fueron descastados, por los compadres de Porfirio Díaz, durante todo un larguísimo viaje con trabajadores chinos, a fin de que al llegar a Yucatán su fuerza hubiese disminuido, y ya dóciles, explotarlos en los campos del henequén.